888


Iran Deckard estaba ante el órgano de ánimos Penfield, con el índice de la mano derecha apoyado en el dial numerado. Pero no lo hacía girar. Se sentía demasiado angustiada. Su inquietud clausuraba el futuro y todas las posibilidades que contuviera. Y pensaba: si Rick estuviera aquí, me haría marcar el 3, y eso me infundiría el deseo de marcar algo importante, como júbilo incontenible, o quizás un 888: deseo de ver la televisión sin reparar en el programa.

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?
Philip K. Dick

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