Culpables

"Este hombre se niega a abrir los ojos" anotación en la foto policial de Thomas Bede - Central Police Station, Sidney, 1928. Via Weird Vintage

“Este hombre se niega a abrir los ojos” anotación en la foto policial de Thomas Bede – Central Police Station, Sidney, 1928. Via Weird Vintage

Interesantes anotaciones en Futility Closet sobre las falsas confesiones.

Hubert Robert fue un relojero francés que confesó haber iniciado el Gran Incendio de Londres de 1666. Admitía haber comenzado el fuego en  Westminster, que no había sido tocado por las llamas, hasta que todos los indicios señalaron a una panadería de Pudding Lane como foco.
Cambió entonces de lugar y afirmó que plantó fuego primero a la panadería al lanzar un artefacto incendiario al interior a través de una ventana. El local no disponía de ventanas y aunque las tuviera una incapacidad física impedía al presunto pirómano lanzar objetos. Si estás pruebas no bastaban para considerarlo inocente estaba también el hecho de que no había llegado a Inglaterra hasta dos días después del incendio. El único convencido de ser el causante del incendio era Robert Hubert.
Mientras tanto en las calles de Londres crecían los rumores y la paranoia. Una multitud linchó a un francés porque alguien confundió las pelotas de tenis con “bolas de fuego” y algunos creían que el propio rey, Carlos II, era un buen sospechoso que quizá quemó la ciudad en un acto de venganza contra los londinenses por la muerte de su padre. Así que para terminar con las conspiraciones y complots se optó por ahorcar a Hubert.

En 1797 la tripulación de la fragata HMS Hermione se amotinó y mató al cruel capitán Hugh Pigot. Los marineros se entregaron con el barco a los españoles que lo renombraron como Santa Cecilia y enrolaron a muchos de los desertores ingleses.
Un par de años después la marina inglesa captura el barco al que llama ahora HMS Retaliation. Pero tan importante como la recuperación del navío era el apresamiento y castigo de los amotinados una tarea que dio sus problemas al Almirantazgo por la cantidad de culpables que se entregaban, de hecho eran varias veces la tripulación del HMS Hermione.
Un funcionario de la Marina contó como al menos seis marineros le habían confesado haber dado el primer golpe al capitán Pigot. Aunque la descripción de lo sucedido era precisa se sabía sin duda alguna que ninguno de ellos había navegado en el barco ni conocía al capitán. Habían obtenido el relato de los hechos a través de sus compañeros y a medida que pasaban más tiempo en el mar y crecía la nostalgia del hogar cualquier método valía para regresar a Inglaterra aunque fuera cargado de grilletes: En el Almirantazgo siempre fuimos capaces de detectar y establecer su inocencia, a despecho de sus propias solemnes afirmaciones [de culpabilidad].

Via Futility Closet – False Confessions

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