El mejor debate teológico de la historia

Bastante permisivos con todas las religiones en torno al Khan mongol solían agruparse monjes y devotos que trataban de acercar a los gobernantes a su fe. En 1254 el monje franciscano Guillermo de Rubruck accedió a la corte de Mongke Khan y trató de persuadirlo de las bondades de la fe católica pero todo acabó en una gran confusión ante las preguntas de musulmanes y budistas por lo que el propio Khan les solicitó que aclararan todos sus ideas para exponerlas en un debate a tres bandas en fecha próxima.
A los mongoles les gustaban las competiciones de todo tipo y un enfrentamiento teológico entre tres religiones, ninguna de las cuales tenía a su favor al gobernante local, atrajo a una gran multitud. Una vez expuesta las normas del debate, la principal de las cuales era que bajo pena de muerte “nadie osará pronunciar palabras destempladas”, comenzó el enfrentamiento.

comillasEn la primera ronda, Guillermo se enfrentó a un budista del norte de China que empezó preguntando cómo había sido creado el mundo y qué le pasaba al alma después de la muerte. Guillermo respondió que el monje budista se equivocaba al plantear esas preguntas; la primera cuestión debía versar sobre Dios, del que derivan todas las cosas. Los árbitros concedieron los primeros puntos al franciscano.
El debate versó sobre los temas del mal frente al bien, sobre la naturaleza de Dios, sobre lo que les sucede a las almas de los animales, sobre la existencia de la reencarnación, y sobre si Dios había creado o no el mal. A medida que avanzaba el debate, los clérigos fueron formando coaliciones cambiantes entre las diversas religiones, según el tema tratado en cada momento. En los combates de lucha, entre una ronda y otra los atletas mongoles bebían leche de yegua fermentada, en consonancia con esta tradición, después de cada ronda de debate, los eruditos hacían una pausa para beber tranquilamente mientras se preparaban para el siguiente duelo.
Parece que ningún bando convencía de nada a su adversario. Por último, cuando los efectos del alcohol se hicieron más evidentes, los cristianos dejaron de intentar persuadir a sus oponentes utilizando argumentos lógicos y recurrieron al canto. Los musulmanes, que no cantaban, reaccionaron poniéndose a recitar en voz alta el Corán en su afán de apagar las voces de los cristianos, y los budistas se retiraron a una meditación silenciosa. Al final del debate, incapaces de convencer ni matar a sus adversarios, los participantes en el reto acabaron como solían acabar las celebraciones mongolas, es decir todo el mundo demasiado borracho para tenerse en pie.

Genghis Khan
y el inicio del mundo moderno

Jack Weatherford

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