Hombre al agua

El 19 de noviembre de 1834, lunes, el marinero inglés George Ballmer cae del mercante Pilgrim al mar. Lleva demasiada ropa, un montón de cabos alrededor de su cuerpo y no sabe nadar, aun sin esperanza de encontrarlo los compañeros lo buscan durante una hora. Como la de tantos marineros su muerte pertenecía a los libros de registros de armadores y aseguradoras pero con Ballmer se había enrolado Richard Henry Dana. Dana, estudiante de Harvard e hijo de un abogado, recogió sus experiencias en “Dos años al pie del mástil” (1840) a diferencia de libros anteriores contados desde el punto de vista del pasajero o altos cargos (oficiales, capitán…) este se narra desde la perspectiva del marinero. Además de este testigo de primera mano contamos con la ventaja de su formación y su capacidad como narrador que le permiten transmitir las emociones dentro del barco:

comillasLa muerte es siempre solemne, pero nunca tanto como en la mar. Cuando alguien muere en tierra, su cuerpo permanece entre sus amigos, y “los dolientes recorren las calles”; pero cuando un hombre cae al mar y se ahoga, ocurre de manera tan súbita, y cuesta tanto comprender, que el accidente queda envuelto en un tremendo misterio. Cuando alguien muere en tierra, acompañamos su cuerpo hasta su sepultura, y una lápida señala el lugar donde reposa. El suceso nos coge a menudo preparados. Siempre hay algo que nos ayuda a comprenderlo cuando acontece, y a recordarlo una vez que ha pasado. Cuando alguien muere junto a uno en una batalla, su cuerpo destrozado sigue ahí como un objeto, como una prueba irrefutable. En el mar, en cambio, el hombre está cerca de ti, a tu lado, estás oyendo su voz, y un instante después ha desaparecido, y sólo su vacío delata que no está; entonces, en la mar -para utilizar una frase familiar pero expresiva-, le echas terriblemente de menos. Una docena de hombres van encerrados en un cascarón, surcando el océano anchuroso, sin oír durante meses otras voces que las de ellos mismos, y de repente uno es arrebatado… y no hay instante en que no se le eche de menos. Es como perder un brazo o un pierna. No hay caras nuevas ni escenas nuevas que ocupen el hueco que él deja. Siempre hay una litera vacía en el castillo, siempre falta un hombre cuando se llama a la pequeña guardia de noche. Hay uno menos para relevarse en la caña, y uno menos que saldrá contigo a la verga. Echas de menos su figura y su voz porque él habito te las había hecho casi necesarias, y cada uno de tus sentidos siente su ausencia.

Dos años al pies del mástil
Richard Henry Dana, hijo

Anuncios

Un pensamiento en “Hombre al agua

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s