El testigo

Fotografía de Tao Liu. Via

Fotografía de Tao Liu. Via

comillasPertenecía a aquella clase de testigos que son los más nefastos para la defensa: era un buen hombre. Totalmente indiferente a las reacciones que pudiera provocar, sin ninguna agresividad ni malicia, insensible por completo a mis puyazos (incluso movía la cabeza afirmativamente para aprobar algunas de mis preguntas más aviesas y malintencionadas, como si le pareciera muy bien que en un asunto tan grave como aquel su testimonio fuera sometido a la prueba de fuego), consiguió convencer a toda la sala. Cuando Ferdonnet le preguntó cuales eran sus sentimientos para con las víctimas, contestó que tanto su mujer como él les querían muchísimo; después, volviéndose hacia el banquillo, añadió: “Y al señorito Fréderic también, también le queremos muchísimo”. Fréderic se había encogido en su asiento, baja la cabeza, viva imagen de la culpabilidad. El angelical Butard había completado su emotiva intervención con una declaración de buena voluntad que no podía saber hasta que punto resultaba abrumadora: “Usted sabe muy bien que yo hubiera preferido no verle, señorito Fréderic; pero, ¡qué le vamos a hacer! Lo que es verdad es verdad…”

El gran desliz
Guilles Perrault

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s