Cuentos de marineros: la mujeres vides

John William Waterhouse, Apollo and Daphne, 1908. Via

John William Waterhouse, Apollo and Daphne, 1908. Via

comillasLuego atravesamos el río, por donde era vadeable, y encontramos unas maravilla de vides. Pues la parte que surgía de la tierra, el tronco en sí, era de una hermosa y robusta cepa, pero por la parte de arriba eran mujeres que tenían todo perfecto, desde el talle hacia arriba -tal como entre nosotros pintan a Dafne al convertirse en árbol apenas la agarra Apolo-. Pero de las puntas de los dedos, les brotaban los sarmientos y estaban llenos de racimos. Y, además, de sus cabezas colgaban sus cabelleras con zarcillos, pámpanos y racimos.
Al acercarnos a nosotros, nos saludaban y daban la bienvenida, unas en lidio, otras en indio y la mayoría utilizando la lengua griega.
Y nos ofrecían besos en sus bocas. Pero el que las besaba al momento quedaba borracho y en delirio. Sin embargo, no permitían que tomáramos sus frutos, sino que se dolían y gritaban cuando alguien los arrancaba. Ellas estaban deseosas de unirse con nosotros. Dos de nuestros compañeros que se abrazaron a ellas ya no se despegaron, sino que quedaron trabados por el sexo. Así que se asimilaron y echaron raíces y pronto sus dedos se hicieron sarmientos y se rodearon de zarcillos, y en poco tiempo también ellos iban a cargarse de frutos.

Viaje a la luna
Luciano de Samósata

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