Apolek, pintor religioso


comillasMás tarde, Apolek terminó la Santa Cena y la lapidación de María Magdalena. Un domingo descubrió los decorados muros. Los conspicuos ciudadanos, invitados por el cura, reconocieron en el apóstol Pablo a Yáneka, el cojo converso, y en María Magdalena a la joven hebrea Elka, hija de padres desconocidos y madre de muchos hijos de la calle. Los insignes ciudadanos mandaron cubrir aquellas sacrilegas pinturas. El cura lanzó sus amenazas contra el blasfemo. Pero Apolek no cubrió los pintados muros.

Así empezó una guerra inaudita entre el poderoso cuerpo de la Iglesia Católica, por una parte, y el despreocupado pintamonas, por otro. Esta guerra duró tres décadas: El azar estuvo a punto de convertir al dulce vagabundo en fundador de una nueva herejía. Y habría sido el más refinado y gracioso luchador de cuantos conoce la sinuosa y agitada historia de la Iglesia romana, un luchador que habría recorrido el mundo presa de beatífica embriaguez con dos blancos ratoncitos en su seno y con una colección de finísimos pinceles en el bolsillo.

—Quince zloty por una Virgen, veinticinco zloty por la Sagrada Familia y cincuenta zloty por la Santa Cena con la representación de todos los parientes del comprador. El enemigo de mi cliente puede ser representado bajo la figura de Judas Iscariote, mas para ello habrá que añadir otros diez zloty. —Así lo pregonaba Apolek a los campesinos del contorno después que le hubieron expulsado del templo en construcción.

Caballería Roja
Isaak Babel

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