Del canto regional y las palmas como apaciguador de ánimos

La Ilustración Nacional : revista literaria, científica y artística - 22 de septiembre de 1899
La Ilustración Nacional : revista literaria, científica y artística – 22 de septiembre de 1899

Una de las estrategias de los filipinos para lograr la rendición de los sitiados de Baler fueron lo que el teniente Saturnino Martín Cerezo llamó “reclamos femeninos”. En el libro Yo te diré… (La verdadera historia de los últimos de Filipinas) Manuel Leguineche investiga sobre este asedio erótico. Aunque las penalidades que pasaban no les debían dejar muchos brios para juerga el oficial al mando ordena que los soldados se retiren, imagino que para que no miren. Ruído, música y canto fueron algunos de los métodos que emplearon para combatir este ataque, lo que hace pensar que trataban de evitar escuchar lo que pasaba o se fingía que pasaba.

comillasEl enemigo no escatimaba medios, voceríos, pedreas, disparos sobre la techumbre para dejar al raso y a merced del aguacero a los asediados, con objeto de reducir el ánimo de los españoles. Eran válidas todas las artimañas, incluidas las que se referían a la incitación de la lujuria. Los defensores de la iglesia de Baler, recluidos en un lugar sagrado, estaban para pocos trotes eróticos. Martín Cerezo habla de «reclamos femeninos». La guerra psicopornográfica.

Los papeles que encontré en la biblioteca de Baler van más lejos que las pudorosas insinuaciones de Martín en su narración del cerco. El enemigo situó a mujeres semidesnudas, que varias parejas imitaran como en cualquier espectáculo arrabalero el acto de la cópula. Para evitar la tentación de la carne, Martín dio orden de inmediata retirada a la tropa. Lo que les faltaba a los pobres Cazadores, mujeres desnudas y gestos lascivos. La proximidad de los santos debió de calmar sus ardores. Como antídoto unos se pusieron a rezar, otros a batir palmas, a reír con todas sus fuerzas, a cantar canciones regionales. El teniente Martín: «Por desgracia y fortuna la situación lamentabilísima en que vivíamos quitábale su poder al “reclamo femenino”, nos guardaba muy bien contra la sensualidad y sus deseos». Por mucho que investigué en Baler no pude dar con ningún descendiente directo de alguna de estas improvisadas desnudistas que fracasaron en su intento de poner cachondos a los soldados españoles.

La respuesta de los soldados fue la música liberadora, la juerga, el toque de fajina. El cabo Olivares se puso a tocar el cornetín y Planas el bombardino. A la orquesta se sumaron un bombo, dos tambores y latas agitadas, golpeadas con la habilidad y la cadencia con que lo hacen los negros de Trinidad y Tobago.

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