Telas para repintar

Sólo en los últimos meses de su vida recibiría -más bien con indiferencia- dos buenas noticias concernientes a su carrera artística; un crítico distinguido publicó en el Mercure de France un importante estudio acerca de su pintura, y su hermano Théo, modesto marchand de cuadros impresionistas, logró vender, por primera vez, una tela suya (“Viña roja”) por una suma naturalmente baja. En diferentes ocasiones, cuando no le llega la exigua cantidad de dinero que el generoso hermano le envía para cubrir sus más elementales necesidades, o cuando la fiebre creadora lo quema de tal modo que los tubos se vacían vertiginosamente, para procurarse algunos centavos Van Gogh toma un gran lote de sus telas -supongamos que de las “peores”- y va a cederlas a un ropavejero que las revende como “telas para repintar”. “¡Un grupo de sus telas, en paquetes de a diez, fue vendido en la calle a razón de 50 céntimos hasta un franco cada paquete!”.

Fayad Jamís en la introducción de
Cartas a Theo de Vincent Van Gogh

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