Las rebajas del arte naif

comillasMientras que los lienzos subían, subían, y la naciente gloria del aduanero Rousseau incitaba a los amateurs a descubrir pintores entre los que no eran del oficio -un vendedor de frituras, un zapatero remendón- vi a unos cuantos descubridores que apuntaban a un tal Bambon, un vendedor de chatarra en la Feria de las Pulgas, el cual se había puesto a pintar. Vendía sus cuadros según el tamaño, y en eso tenía algo de común con ciertos pintores célebres. Para dar una idea de sus conciencia profesional, un día en que un amateur fue a su casa para hacer una selección entre sus lienzos más recientes, Bambon retiró del lote un cuadro:
– Le haré una rebaja en éste -dijo-. Honradamente, no puedo ponerle el mismo precio que los demás. No es tan fresco, hace por lo menos dos años que lo he pintado.

Que un lienzo pudiese perder valor al envejecer no lo creía un pastelero de Pontoise, un tal Murer, el cual dejó también su oficio para tomar la paleta. Frecuentaban su pastelería los impresionistas Renoir, Pissarro, Monet, etcétera. Había sido testigo de sus luchas, y luego, de sus nacientes éxitos. Un día, Renoir, que iba a comprar un dulce, vio que echaba los cierres a su tienda.
– Estoy harto de este oficio de cocinero -le dijo al pintor-. He sido tonto por haber esperado tanto tiempo para pintar. Figúrese, una tarta que no se ha vendido a tiempo, hay que rebajarla, mientras que un cuadro no pierde valor, incluso puede aumentar con el tiempo.

Memorias de un vendedor de cuadros
Ambroise Vollard

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