El recorrido del laberinto

comillasEl elemento formal más importante en un laberinto es el tipo de recorrido que sigue el camino que separa la entrada del centro. Cuando no se debe tomar ninguna decisión pues solo hay una vía posible, sin encrucijadas, por muchas vueltas que dé, los laberintos se conocen como unidireccionales (son los laberintos que en inglés se denominan “labyrinth”). Por ejemplo, el conocido laberinto de Chartres es unidireccional, obsérvese cómo el laberinto no se bifurca en ningún momento.

Por el contrario, cuando el recorrido entre la entrada y el centro se bifurca en varios caminos, algunos de los cuales pueden terminar en callejones sin salida, se habla de laberintos multidireccionales, y equivaldrían al termino inglés “maze” o al alemán “irrgarten”.

La gran diferencia que hay entre un caso y otro es la naturaleza del reto que nos proponen. Para llegar al centro de un laberinto unidireccional, en el que no hay pérdida posible, lo que necesitamos es voluntad y perseverancia para no desfallecer en el intento. basta con seguir hacia adelante y, tarde o temprano, alcanzaremos el corazón del laberinto. Aunque aquí también necesitaremos fuerza si está habitado por alguna criatura terrible, como un Minotauro, ya que en este tipo de laberintos no hay lugar alguno donde poder esconderse. Así, por ejemplo, dado que en la religión cristiana es muy importante la fortaleza de la fe para superar adversidades y tentaciones, este tipo será el preferido por la Iglesia durante la Edad Media.

Por el contrario, para superar un laberinto multidireccional, con encrucijadas en las que debemos descubrir cuál es el camino correcto, nuestras mejores herramientas son la inteligencia, la memoria o, en su defecto, la fortuna. Deberemos exprimir toda nuestra capacidad intelectual si queremos descubrir la lógica de su recorrido, si es que la tiene, pues de lo contrario la situación se complica aún más. En estos casos no es necesario incluir un monstruo para dificultarnos el camino, pues el monstruo es el propio laberinto. De hecho, quizá no sea casualidad que este tipo de laberintos se desarrollase sobre todo a partir del Renacimiento, cuando el amor por el razonamiento volvió a extenderse por toda la cultura occidental.

El Laberinto. Historia y mito.
Marcos Méndez Filesi

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