El diablo no viste de Prada

Es más bien poca cosa como hombre, con una gorra inglesa caída sobre una oreja y dejando ver, por el lado opuesto, un mechón de pelo rojo que le cubre gran parte de la sien. Rojas también las cejas y enrojecidos los ojos, reluciente el cutis, la punta de la nariz ligeramente torcida. Llevaba una camisa de paño con rayas horizontales, una chaqueta a cuadros cuyas mangas, muy cortas, dejaban ver las abultadas manos, con dedos como salchichas; el pantalón muy ajustado, hasta producir repugnancia, y tan usados los zapatos de color que era imposible ya pensar en limpiarlos. Un chulo. Un vagabundo, con la voz y la articulación de un actor.

Doktor Faustus – Thomas Mann

comillasEn este pasaje, y en la larga conversación que le sigue, Mann recoge la mejor tradición demonológica germánica —establecida por Johannes Wierius, hacia finales del siglo XV, pero muy anterior a él a través de las consejas de la tradición oral—, según la cual el Diablo no es consciente de su aspecto, y tiene que ir corrigiendo sobre la marcha las chapucerías de sus disfraces. Esta imposibilidad es no sólo producida por el estigma de su impostura y por su carácter de mono de Dios, sino por el carácter del préstamo que para los ángeles —y no hay que olvidar que el Diablo lo es, en grado sumo— tiene toda posibilidad de acceso a la materia: los propios ángeles de la luz, y hasta los arcángeles, suelen aparecer a los místicos en una bruma vaga, en un estado casi etéreo que no acaba de definirse como materia.

Biografía del diablo
Alberto Cousté

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s