La leyenda del kurgan de Tamerlán

comillasAllí, en el fin del mundo, a la orilla de un valle desnudo, encontramos un monstruoso kurgan, una tumba montículo de rocas amontonadas en un sombrío tumulto de quince metros de altura: el sepulcro de algún jefe escita o turco […]
Gris acero, castaño o rosa y plateadas por los líquenes, debía haber al menos cincuenta mil [piedras]. Era imposible calcularlo. Las había levantado para honrar la memoria de un solo hombre, pero una leyenda lo había multiplicado. Se decía que Tamerlán, al pasar hacia el este con su ejército, había ordenado a cada soldado que cogiera una roca y la apilara a su paso. Años después, a su retorno, cada hombre se llevaría su piedra a Samarkanda, y las que quedaran se convertirían en un cenotafio a los caídos.

El corazón perdido de Asia
Colin Thubron

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