La ley y Arabella Stuart

A finales del s. XVIII Inglaterra se deshacía de su población reclusa enviándola a Australia. El envio de población masculina en los primeros viajes trató de compensarse con el Lady Juliana, un barco de prisioneras. Siân Rees cuenta en Burdeles Flotantes aquel viaje y las mujeres que fueron obligadas a participar en él. Varias prisioneras consiguieron huír y evitar el destierro, otras no llegaron a partir por diversos motivos. Uno de estos casos es el de Arabella Stuart que confiaba en que la ley, que se mostraba tan dura en su castigo, podía interpretarse también a su favor:

comillasEse mismo verano Arabella Stuart, una ladrona de poca monta, apareció en Old Bailey asombrando al Tribunal con el reclamo arrogante de que la Ley Santa de Dios, como había dicho el propio Rey, requería que “por todo tipo de trasgresión… a quienes los jueces condenaran… debería pagar el doble a su vecino”. Por tanto, concluyó, según ese decreto debía devolver el doble del valor de lo que ella había hurtado, y desterrándola a Botany Bay ese pago era imposible, así que estaban yendo contra la palabra del Señor. La colgaron.

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