Ortografía política

Romani-Ite-Domun

Ésas son las naturales dificultades que surgen cuando gente de varias comunidades se pone a convertir una antigua lengua oral en una escrita. La mayoría de los mohawk sienten una intensa lealtad por sus propios lugares. Sin embargo, las rivalidades entre esos lugares obstaculizan una lengua unida. Nadie quiere tener la impresión de que su propia habla, tan celosamente protegida contra las intrusiones del mundo exterior, está siendo desplazada a favor del dialecto de cualquier otro. En vista de esto, la cuestión del occitano y el provenzal se queda pequeña. Si el tiempo se acaba, también la paciencia puede acabarse. La ortografía se convierte fácilmente en una cuestión política.

Una cineasta abenaki, llamada Alanis O’Bomsawin, llamó una vez a David Maracle a las ocho de la mañana de un sábado para pedirle consejo. Había hecho un largometraje documental sobre la crisis de Oka, Kanehsatake: 270 Years of Resistance [Kanehsatake: 270 años de resistencia]. Justo en el último minuto se dio cuenta de que, al dar a la película como título el nombre de la comunidad mohawk que había estado en el corazón de la pelea, tendría que elegir una ortografía concreta: o «Kanesatake» o «Kanehsatake». «Y si no lo escribimos de cierta manera —recuerda David la explicación de ella—, algunas personas dicen que retirarán sus nombres de los créditos.»

Aquí se habla
Mark Abley

 

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