Los detalles herrumbrosos

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Khe Sanh, Vietnam del Sur (1968). Un miembro del servicio médico usa un estetoscopio para comprobar si el Viet Cong está cavando un túnel bajo la base. Via Historium

[Lugares de la Batalla del Ebro, Guerra Civil Española] Los detalles, a menudo repletos de herrumbre, como un pequeño trozo de metralla que recojo del suelo, son el grado cero de la verdad, y nos conectan con las sombras oxidadas de un tiempo remoto y cercano a la vez, que corta por la hoja y también por el mango por el que tratamos de cogerlo. Corta y asombra más que cualquier ficción. Por ejemplo, me cuentan que en lo alto de la serra de Cavals pueden encontrarse hoy adoquines de la Barcelona de las década de 1930, resultado de algún bombardeo desesperado de las fuerzas republicanas; esta estampa, de un surrealismo impagable, arroja más luz sobre el gobierno de la Segunda República que muchos documentos.

Entre la mentira y el olvido
Francesc-Marc Álvaro

La normalidad de los hechos importantes

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Una mujer sirve una taza de té a un soldado británico durante los combates posteriores al desembarco de Normandía (Lisieux, 22 de agosto de 1944) Via

8 de abril de 1941

Acabo de leer La batalla de Gran Bretaña, el best-seller del ministro de Información. Había una demanda tal que durante unos días no ha habido ejemplares. Dicen que lo ha escrito Francis Deeding, escritor de novelas de suspense. Es el primer recuento oficial, por lo menos en inglés, de la primera gran batalla de la historia desarrollada en el aire. Dado que lo están traduciendo a muchas lenguas, y que sin duda será leído en todo el mundo, es una pena que no hayan tenido el sentido común de evitar la nota propagandística. El panfleto está lleno de “heroísmo”, “hechos gloriosos”, etc. y se habla de los alemanes con menosprecio. ¿Por qué no se han limitado a dar un recuento frío y adecuado de los hechos, que al fin y al cabo ya son muy favorables? Gran Bretaña ha perdido la oportunidad de producir algo que se aceptaría en todo el mundo como un  trabajo serio y que se utilizaría para contrarrestar las mentiras alemanas.

Lo que me ha impresionado al leer La batalla de Gran Bretaña es que, al comparar las fechas del libro con las correspondientes en este diario, he comprobado que los grandes hechos “épicos” nunca parecen muy importantes en su momento.

Diario de guerra
George Orwell

El hombre de Fuchu

 

 

Diario de Hiroshima (6 de agosto – 30 de septiembre de 1945) de Michihiko Hachiya es la crónica de los días que siguieron a la explosión de la bomba atómica contada por un médico de la propia ciudad. Uno de los momentos más singulares es el relato del hombre de Fuchu que cuenta una supuesta respuesta bélica de Japón tras el bombardeo de Nagasaki que trae la alegría a todos los convalecientes:

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[11 de agosto de 1945] Después de la noticia de que habían bombardeado Nagasaki, llegó de Fuchu un hombre con la increíble versión de que Japón poseía la misma arma misteriosa, pero que hasta la fecha la había mantenido en estricto secreto y no la había utilizado por juzgarla demasiado horrible hasta para mencionarla. El individuo aseguró además que un escuadrón de ataque especial de la marina acababa de emplear la bomba contra el territorio continental norteamericano, y que su información provenía nada menos que del Cuartel General Central. El golpe había estado a cargo de un escuadrón integrado por bombarderos transoceánicos de seis motores, dos de los cuales no habían regresado; todo hacía suponer que éstos se habían arrojado contra los blancos para asegurar el éxito.

Si San Francisco, San Diego y Los Ángeles habían recibido el mismo castigo que Hiroshima, ¡qué caos debía de reinar en esas ciudades!

¡Por fin Japón estaba tomando represalias!

A partir de entonces la atmósfera cambió por completo en la sala y por primera vez desde el bombardeo afloraron sonrisas en todos los rostros. Quienes habían sufrido más parecían los más contentos. Se hicieron bromas, y algunos entonaron la canción de la victoria. Se rezó por los soldados. Ahora sí, ahora estábamos convencidos de que la balanza de la guerra comenzaba a inclinarse a nuestro favor.

El cliffhanger Huston

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Algún tiempo después yo estaba en el estudio cuando me llamaron por teléfono y alguien me dijo:
– Teniente Huston, ha de presentarse para recibir órdenes en Washington el… -y me dio una fecha y una hora, como cuatro días más tarde.
– ¡Pero estoy en mitad del rodaje de una película! -dije.
– Teniente Huston, ¿desea usted renunciar a su destino?
– Por supuesto que no.
– En ese caso, preséntese en Washington como se le ordena.
– Sí, señor.
En realidad, estábamos terminando la película. El argumento trataba de un plan japonés para realizar un “Pearl Harbor” en el canal de Panamá. Bogart había sido capturado por los japoneses -guiados por el gran espía Sydney Greestreet- y estaba prisionero en una casa cerca del canal. Puse a Bogie atado a una silla, y coloqué aproximadamente tres veces más soldados japoneses de los que eran necesarios para mantenerle prisionero. Había guardias con metralletas en cada ventana. Lo hice de tal modo que no existiera medio humano por el que Bogie pudiera escaparse. Rodé la escena y luego llamé a Jack Warner y le dije:
– Jack, me marcho. Estoy movilizado. Bogie sabrá como escapar.

Memorias
John Huston

Consejos para fotografiar una guerra

Un policia de Alemania del Este emplea un espejo para reflejar la luz del sol y evitar así las fotografias en Agosto de 1961. (Paul Schutzer—Time & Life Pictures/Getty Images)

Los consejos que doy a la gente que va a la guerra son: en primer lugar nunca mimetizarte con ninguno de los dos bandos, nunca llevar un uniforme. Jean Roy murió en el Canal de Suez a 500 m de donde estaba yo por ir vestido de paracaidista. Segundo, no llevar armas, en Sierra Maestra Raúl Castro me ofreció un rifle para cazar y le dije que yo disparo con la cámara y me proporciona las mismas emociones. Te aseguro que te sube más la adrenalina si te acercas a un león a 400 m. con la cámara que si lo haces con un rifle de mira telescópica. Es más, a los fotoperiodistas les digo que es menos peligroso acercarte con una cámara de 35 mm. que con un teleobjetivo de 600 mm. Jean Pierre Pedrazzini murió en 1958 en Budapest por llevar un 600 que confundieron con una bazuca. Ya lo dijo Capa: “Si una fotografía no sale bien es porque no te has acercado bastante”. Yo digo: Si quieres evitar riesgos, acércate lo más posible al peligro, no vas a protegerte intentando ponerte más lejos. Y tercero: La bala que te va a matar no la vas a oír, ¿por qué preocuparte protegiéndote de las balas que oyes a tu alrededor?

Jot Down Cultural Magazine | Enrique Meneses: “El futuro son los bloggers”