Los impactantes cuadros de Tom Keating

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Creación artística de Chad Wys. Via

comillas[El falsificador de pintura Tom Keating] usaba trucos, él aplicaba glicerina sobre la última capa de sus cuadros, después ensuciaba sus cuadros y tarde o temprano la avidez por el dinero llevaba a que el mercader quisiera limpiar el cuadro para poder vender esta falsificación más cara. Y entonces los cuadros explotaban porque la glicerina en contacto con los productos que se usaban para limpiar los cuadros no eran compatibles. O escribía sobre un Rembrandt insultos o cosas como “falsificación” con letras enormes y con un color que se empezó a conseguir recién cuatrocientos años después de Rembrandt, y entonces ya se sabía que algo no estaba bien en este cuadro.

Diane Grobe
Dir. Museo de la Falsificación de Viena

Documental:
Déjà vu. Arte, artimañas, avaricia.

La protección antifalsificación del Louvre

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Guy Isnard, uno de los primeros policías especializados en arte, organiza una exhibición de falsificaciones en el Grand Palais (París, 1955). Via

comillasEl Louvre facilitaba la presencia de pintores aficionados, permitiéndoles copiar a los maestros y guardar sus caballetes y sus cajas de pinturas en los abundantes armarios y hornacinas que se abrían en el revestimiento de las paredes. Pero con una condición: ningún lienzo podía ser del mismo tamaño que el original. Era un intento modesto, y bastante ineficaz, de evitar las falsificaciones, endémicas en toda Europa. El coleccionismo se había convertido en uno de los deportes favoritos de los potentados norteamericanos, y el mercado del arte, verdadero o falso, estaba alcanzando cotas extraordinarias.

El robo de la sonrisa.
¿Quién se llevó la Gioconda del Louvre?
R. A. Scotti

El Coco

comillasEl ingeniero Roberto Paudi, miembro del consejo ejecutivo de la COMPRAX y asesor de urbanismo, se puso hecho una furia al sorprender una noche a la niñera Ester que, para sofocar una rabieta del pequeño Franco, le decía; “Si no te portas bien, esta noche vendrá el Coco”.
Era intolerable, según él, que para educar a los niños se siguiese recurriendo a estúpidas supersticiones que podían crear en tan tierna psique deplorables complejos. Le echo un sermón a la chica, que se marchó llorando, y él mismo metió en la cama al niño, que en seguida se tranquilizó.

Esa misma noche el Coco, levitando a media altura como era su costumbre, se presentó en la habitación donde el ingeniero Paudi dormía solo, deparándole unos instantes de desasosiego.

La noches difíciles
Dino Buzzati

Las rebajas del arte naif

comillasMientras que los lienzos subían, subían, y la naciente gloria del aduanero Rousseau incitaba a los amateurs a descubrir pintores entre los que no eran del oficio -un vendedor de frituras, un zapatero remendón- vi a unos cuantos descubridores que apuntaban a un tal Bambon, un vendedor de chatarra en la Feria de las Pulgas, el cual se había puesto a pintar. Vendía sus cuadros según el tamaño, y en eso tenía algo de común con ciertos pintores célebres. Para dar una idea de sus conciencia profesional, un día en que un amateur fue a su casa para hacer una selección entre sus lienzos más recientes, Bambon retiró del lote un cuadro:
– Le haré una rebaja en éste -dijo-. Honradamente, no puedo ponerle el mismo precio que los demás. No es tan fresco, hace por lo menos dos años que lo he pintado.

Que un lienzo pudiese perder valor al envejecer no lo creía un pastelero de Pontoise, un tal Murer, el cual dejó también su oficio para tomar la paleta. Frecuentaban su pastelería los impresionistas Renoir, Pissarro, Monet, etcétera. Había sido testigo de sus luchas, y luego, de sus nacientes éxitos. Un día, Renoir, que iba a comprar un dulce, vio que echaba los cierres a su tienda.
– Estoy harto de este oficio de cocinero -le dijo al pintor-. He sido tonto por haber esperado tanto tiempo para pintar. Figúrese, una tarta que no se ha vendido a tiempo, hay que rebajarla, mientras que un cuadro no pierde valor, incluso puede aumentar con el tiempo.

Memorias de un vendedor de cuadros
Ambroise Vollard

El retrato Chandos

La doctora Tanya Cooper, curadora de la sección de retratos del siglo XVI de la National Portrait Gallery de Londres, indica lo que puede saberse del retrato Chandos una de los supuestas pinturas que representan a Shakespeare:

comillasBueno, la pintura corresponde al período correcto, de eso al menos podemos dar fe […] El cuello es de los que usaban entre 1590 y 1610, que es cuando Shakespeare gozó de mayor popularidad y por consiguiente bien pudo posar para un retrato. También podemos decir que se trata de un sujeto algo bohemio, lo cual es perfectamente acorde con su dedicación al teatro, y que su situación es desahogada, tal como debió de ser la de Shakespeare durante aquellos años.
Le pregunté en qué se basaba para llegar a tales conclusiones.
– Verá -me dijo-. El pendiente es un signo de bohemia. Un hombre con pendiente significaba lo mismo entonces que ahora, es decir, que su portador era una persona más atenta a la moda que el común de los mortales. Tanto Drake como Raleigh fueron retratados llevando pendientes. Era un modo de anunciar su talante aventurero. Era habitual que, si el hombre podía permitírselo, usase bastantes joyas, casi siempre bordadas a la ropa. Así que nuestro sujeto es, o bien discreto, o bien no enormemente rico. Yo me inclinaría por esto último. Por otra parte, podemos inferir que era próspero (o que deseaba aparentarlo), pues viste enteramente de negro […] Hace falta mucho tinte para lograr un negro perfecto. Resulta mucho más barato confeccionar ropa de color crudo, beis o cualquier otro tono claro. De modo que en el siglo XVI la ropa negra era casi siempre un signo de distinción.

[¿Qué probabilidades hay de que el retrato sea de Shakespeare?]
– Sin documentación acerca de su procedencia, no puede saberse. Y es muy poco factible que, habiendo pasado tanto tiempo, esa documentación aparezca algún día.
Pero si no es Shakespeare, ¿quién es?
La doctora Cooper sonrió.
– No tenemos ni idea.

Shakespeare de Bill Bryson.

Escoler

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Wanderer above the Sea of Fog – Caspar David Friedrich

comillasNigromante, meigo. Adoita aparecer en casos como un xenio da treboada e dos tronos, e ás veces reviste a apariencia dun home vulgar. Estes mitolóxicos seres son escolantes que perderon o xuizo por mor de moito estudiar, o que os fixo acada-la suficiente ingravidade, segundo a vulgar crenza, para poder subir as nubes nunha poeira que eles mesmos debuxan mexando antes na terra. A esa habelencia de poder voar ás nubes e transporta-los tronos o seu antollo deben as denominacións de tronantes e nubeiros.

Breviario enciclopédico
Eladio Rodríguez