De como Jim pasó a ser el señor Hall

"El Holandés Errante" de R. Wagner, coro de la Ópera de Los Angeles. Foto de Robert Millard. Via
“El Holandés Errante” de R. Wagner, coro de la Ópera de Los Angeles. Foto de Robert Millard. Via

El ritual de degradación y ascenso al puesto de segundo oficial en un buque mercante bostoniano en 1834:

comillasA las siete campanadas de la mañana, nos llamaron a todos a popa para informarnos que el señor Foster ya no era oficial a bordo, y que podíamos elegir a uno de nosotros como segundo oficial. Es corriente que el capitán haga esta clase de ofrecimiento; y es muy buena norma, porque la tripulación se cree que es ella la que elige y con eso se siente halagada; pero de todas maneras tiene que obedecer. Nuestra tripulación, como suele ser habitual, rechazó la responsabilidad de elegir a un hombre del que después no podríamos quejarnos, y se lo dejamos al capitán. Éste eligió a un joven inteligente y despierto, nacido cerca de Kennebec, que había hecho varios viajes a Cantón; y lo nombró en los siguientes términos: “Elijo a Jim Hall: él será vuestro segundo oficial. Lo único que tenéis que hacer es obedecerle como me obedeceríais a mi; y recordar que desde ahora es el señor Hall”. Foster [el anterior segundo oficial] tuvo que mudarse al castillo de proa como simple marinero y perdió el tratamiento que se le anteponía al apellido, mientras que el joven gaviero de trinquete Jim se convirtió en el señor Hall y pasó a ocupar plaza en el territorio de los cuchillos, tenedores y tazas de té.

Dos años al pies del mástil
Richard Henry Dana, hijo

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Noticia aparecida en las informaciones sobre Coruña del diario “El Eco de Santiago”, 19 de febrero de 1918.

Mand001-Exclamation_1Los post dedicados a Coruña (el Raque Coruño) que de vez en cuando aparecían por aquí se publican desde hace unas semana en iusnaufragiicrunia. Allí tienen mas noticias y post sobre la historia menuda de la ciudad mientras que este blog vuelve a la idea original.

Hombre al agua

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El 19 de noviembre de 1834, lunes, el marinero inglés George Ballmer cae del mercante Pilgrim al mar. Lleva demasiada ropa, un montón de cabos alrededor de su cuerpo y no sabe nadar, aun sin esperanza de encontrarlo los compañeros lo buscan durante una hora. Como la de tantos marineros su muerte pertenecía a los libros de registros de armadores y aseguradoras pero con Ballmer se había enrolado Richard Henry Dana. Dana, estudiante de Harvard e hijo de un abogado, recogió sus experiencias en “Dos años al pie del mástil” (1840) a diferencia de libros anteriores contados desde el punto de vista del pasajero o altos cargos (oficiales, capitán…) este se narra desde la perspectiva del marinero. Además de este testigo de primera mano contamos con la ventaja de su formación y su capacidad como narrador que le permiten transmitir las emociones dentro del barco:

comillasLa muerte es siempre solemne, pero nunca tanto como en la mar. Cuando alguien muere en tierra, su cuerpo permanece entre sus amigos, y “los dolientes recorren las calles”; pero cuando un hombre cae al mar y se ahoga, ocurre de manera tan súbita, y cuesta tanto comprender, que el accidente queda envuelto en un tremendo misterio. Cuando alguien muere en tierra, acompañamos su cuerpo hasta su sepultura, y una lápida señala el lugar donde reposa. El suceso nos coge a menudo preparados. Siempre hay algo que nos ayuda a comprenderlo cuando acontece, y a recordarlo una vez que ha pasado. Cuando alguien muere junto a uno en una batalla, su cuerpo destrozado sigue ahí como un objeto, como una prueba irrefutable. En el mar, en cambio, el hombre está cerca de ti, a tu lado, estás oyendo su voz, y un instante después ha desaparecido, y sólo su vacío delata que no está; entonces, en la mar -para utilizar una frase familiar pero expresiva-, le echas terriblemente de menos. Una docena de hombres van encerrados en un cascarón, surcando el océano anchuroso, sin oír durante meses otras voces que las de ellos mismos, y de repente uno es arrebatado… y no hay instante en que no se le eche de menos. Es como perder un brazo o un pierna. No hay caras nuevas ni escenas nuevas que ocupen el hueco que él deja. Siempre hay una litera vacía en el castillo, siempre falta un hombre cuando se llama a la pequeña guardia de noche. Hay uno menos para relevarse en la caña, y uno menos que saldrá contigo a la verga. Echas de menos su figura y su voz porque él habito te las había hecho casi necesarias, y cada uno de tus sentidos siente su ausencia.

Dos años al pies del mástil
Richard Henry Dana, hijo

Cinco

En diciembre de 1985 el fotografo Dave Gatley de Los Angeles Times captó esta imagen que parecía mostrar un secuestro a punta de pistola. El fotógrafo siguió al coche mientras informaba a la policía por medio de su teléfono móvil. Cuando los agentes interceptaron el vehículo se descubrió que los ocupantes estaban bromeando y la pistola era de juguete. Via LA Times
En diciembre de 1985 el fotografo Dave Gatley de Los Angeles Times captó esta imagen que parecía mostrar un secuestro a punta de pistola. El fotógrafo siguió al coche mientras informaba a la policía por medio de su teléfono móvil. Cuando los agentes interceptaron el vehículo se descubrió que los ocupantes estaban bromeando y la pistola era de juguete. Via LA Times

Revelado el misterio de la desaparición del Cuatro Vientos | Publico.es
En 1933 el avión español Cuatro Vientos repitió desde el aire la travesía de Colón, el avión aterrizó en La Habana pero desapareció en la escala entre Cuba y Ciudad de México. Durante mucho tiempo se creyeron los testimonios de quienes afirmaron que el avión se estrelló en México y sus tripulantes fueron asesinados por indígenas para robarles, el escritor Manuel Ruiz Romero-Bataller investiga esta teoría y otras para separar historia de leyenda en su libro El Cuatro Vientos.

El misterioso amigo de Laurie Cunningham y El amigo no tan misterioso de Laurie Cunningham | Panenka.
En el primer post la revista de Panenka hace un repaso de la carrera del futbolista Cunningham hasta su muerte en un accidente de tráfico en Madrid. Con él iba en el coche un hombre que sólo presenta heridas leves y que tras el alta hospitalaria desaparece. Este primer artículo sobre el misterioso amigo despierta la curiosidad en muchos que se lanzan a investigar en internet hasta que una de esas búsquedas da resultado y descubrimos su identidad en El amigo no tan misterioso de Laurie Cunningham.

La delirante búsqueda de la supuesta radiactividad que mata a los inquilinos de la Moncloa | Materia.
Al mediodía del 7 de noviembre de 1970 se produjo una fuga en el trasvase de 700 litros de residuos radiactivos de un reactor atómico cercano a la Complutense. Decenas de litros se escaparon accidentalmente y alcanzaron las alcantarillas dando lugar a la peor fuga radiactiva de la historia de España que se mantuvo en secreto hasta que fue desvelada por el diario El País en 1994. Un profesor universitario se pregunta sobre la posibilidad de que la fuga hubiera afectado al Palacio de la Moncloa y fuera responsable de la enfermedad de varios de sus ocupantes.

12 fotos halladas en las redes sociales que esconden una mentira y 9 fotografías virales en internet que mienten descaradamente | Gizmodo
Si han recibido menos de 3 de estas fotografías tienes ustedes una saludable vida social en internet. Felicidades.

Treinta años sin saber qué fue de los 16 tripulantes del “Montrove” | Impulso
Hace ahora 30 años, por estas fechas se fraguaba el misterio marítimo y la tragedia marinera que más tinta y más saliva han generado en el mundo de la pesca gallega y europea: el 19 de julio de 1984 zarpó de Las Palmas de Gran Canaria el buque congelador Montrove rumbo al banco canario-sahariano. El barco y los 16 tripulantes desaparecieron sin dejar rastro

Culpables

"Este hombre se niega a abrir los ojos" anotación en la foto policial de Thomas Bede - Central Police Station, Sidney, 1928. Via Weird Vintage
“Este hombre se niega a abrir los ojos” anotación en la foto policial de Thomas Bede – Central Police Station, Sidney, 1928. Via Weird Vintage

Interesantes anotaciones en Futility Closet sobre las falsas confesiones.

Hubert Robert fue un relojero francés que confesó haber iniciado el Gran Incendio de Londres de 1666. Admitía haber comenzado el fuego en  Westminster, que no había sido tocado por las llamas, hasta que todos los indicios señalaron a una panadería de Pudding Lane como foco.
Cambió entonces de lugar y afirmó que plantó fuego primero a la panadería al lanzar un artefacto incendiario al interior a través de una ventana. El local no disponía de ventanas y aunque las tuviera una incapacidad física impedía al presunto pirómano lanzar objetos. Si estás pruebas no bastaban para considerarlo inocente estaba también el hecho de que no había llegado a Inglaterra hasta dos días después del incendio. El único convencido de ser el causante del incendio era Robert Hubert.
Mientras tanto en las calles de Londres crecían los rumores y la paranoia. Una multitud linchó a un francés porque alguien confundió las pelotas de tenis con “bolas de fuego” y algunos creían que el propio rey, Carlos II, era un buen sospechoso que quizá quemó la ciudad en un acto de venganza contra los londinenses por la muerte de su padre. Así que para terminar con las conspiraciones y complots se optó por ahorcar a Hubert.

En 1797 la tripulación de la fragata HMS Hermione se amotinó y mató al cruel capitán Hugh Pigot. Los marineros se entregaron con el barco a los españoles que lo renombraron como Santa Cecilia y enrolaron a muchos de los desertores ingleses.
Un par de años después la marina inglesa captura el barco al que llama ahora HMS Retaliation. Pero tan importante como la recuperación del navío era el apresamiento y castigo de los amotinados una tarea que dio sus problemas al Almirantazgo por la cantidad de culpables que se entregaban, de hecho eran varias veces la tripulación del HMS Hermione.
Un funcionario de la Marina contó como al menos seis marineros le habían confesado haber dado el primer golpe al capitán Pigot. Aunque la descripción de lo sucedido era precisa se sabía sin duda alguna que ninguno de ellos había navegado en el barco ni conocía al capitán. Habían obtenido el relato de los hechos a través de sus compañeros y a medida que pasaban más tiempo en el mar y crecía la nostalgia del hogar cualquier método valía para regresar a Inglaterra aunque fuera cargado de grilletes: En el Almirantazgo siempre fuimos capaces de detectar y establecer su inocencia, a despecho de sus propias solemnes afirmaciones [de culpabilidad].

Via Futility Closet – False Confessions