Diez

01.- Los libros que provocaron una frenética búsqueda del tesoro: «Mascarada» y «El Secreto»

02.- A Fashion Puzzle: Un manual de censura inglés de la II GM indica que este dibujo contiene un mensaje secreto, en morse y escondido en el vestidos. También la firma oculta información. Por desgracia el manual no explica donde se encuentran estos mensajes.

03.- El misterio de las estatuas egipcias sin nariz. Buena parte de las estatuas del antiguo Egipto han llegado hasta nosotros mutiladas. Un egiptólogo propone ahora que la destrucción de las narices fue un acto premeditado y mantenido durante siglos.

04.- Resuelto el misterio de por qué aparecían teléfonos de Garfield en la costa francesa.

05.- «Este monstruo horrible apareció en la Laguna de Tagua en la estancia de D. Próspero Elso en el Reino de Chile en la cual hacia mucho daño comiendo y matando cuanto animal iba a beber a dicha Laguna». Monster Brains

06.- 5 Urban Legends (That Have Totally Been Solved By Science)

07.- La desaparición de la Expedición Leichhardt que dejó anagramas indescifrables en los árboles.

08.- El brutal asesinato de una joven en Pekín y la “batalla literaria” para identificar al asesino.

09.- Salem es una pintura de 1908 del pintor inglés Sydney Curnow Vosper, que representa una escena dentro de la capilla bautista de Salem en Pentre Gwynfryn, en el norte de Gales. Es digno de mención como representación de la piedad galesa, el traje nacional tradicional galés y por la creencia de que el demonio está representado en él.

10.- El misterio de Roopkund, el lago helado que escupe restos humanos una vez al año.

Anuncios

Wainewright

Arsenical wreaths from the Maison Tilmans, Paris, Les Modes Parisiennes, 24 January 1863. Via In pictures: drop-dead fashion through history
Arsenical wreaths from the Maison Tilmans, Paris, Les Modes Parisiennes, 24 January 1863. Via In pictures: drop-dead fashion through history

comillasHay otra curiosa y casual conexión entre el asesinato y el movimiento romántico. La primera edición de las Confesiones de De Quincey fue anónima, y uno de los que se atribuyó falsamente su autoría fue Thomas Griffiths Wainewright, un crítico y periodista de gran refinamiento; por ejemplo, fue uno de los pocos hombres de su tiempo que reconoció el genio del oscuro William Blake. Llegó incluso a alabar el último poema épico de Blake, Jerusalén, cuando todos sus contemporáneos lo consideraron como la obra de un loco que había situado a Jerusalén, entre todos los lugares del mundo, nada menos que en Oxford Street. Wainewright también era un ferviente admirador de Wordsworth y los demás poetas lakistas, pero tenía otra característica que fue señalada por Charles Dickens en Hunted Down y por Bulwer-Lytton en Lucretia. Wainewright era un experto y malévolo asesino, un envenenador secreto que acabó con los miembros de su familia antes de dedicar su atención a las amistades casuales. Leía poesía durante el día y envenenaba de noche.

Dan Leno, el Golem y el Music Hall
Peter Ackroyd

Yo vi matar a aquella mujer – Ramón Gómez de la Serna

Via This isn't happiness
Via This isn’t happiness

comillasEn la habitación iluminada de aquel piso vi matar a aquella mujer.
El que la mató, le dio veinte puñaladas, que la dejaron convertida en un palillero.
Yo grité. Vinieron los guardias.
Mandaron abrir la puerta en nombre de la ley, y nos abrió el mismo asesino, al que señalé a los guardias diciendo:
– Éste ha sido.
Los guardias lo esposaron y entramos en la sala del crimen. La sala estaba vacía, sin una mancha de sangre siquiera.
En la casa no había rastro de nada, y además no había tenido tiempo de ninguna ocultación esmerada.
Ya me iba, cuando miré por último a la habitación del crimen, y vi que en el pavimento del espejo del armario de luna estaba la muerta, tirada como en la fotografía de todos los sucesos, enseñando las ligas de recién casada con la muerte…
-Vean ustedes -dije a los guardias- Vean… El asesino la ha tirado al espejo, al trasmundo.

Ramón Gómez de la Serna

Ojos de aguja
VVAA

Desapariciones

Un libro: El reposo de Baco de Pierre Boileau
Durante una visita a la Galería de Exposiciones del castillo del conde Gilbert de Moncelles un hombre le destroza la cabeza al guía y hace desaparecer el cuadro “El reposo de Baco” de Leonardo da Vinci. Aunque capturan al criminal al salir de la Galería el cuadro no aparece por ningún lado y se convierte en una de las tres misteriosas desapariciones que contiene la novela.

El libro es de los años 30 y hay que leerlo con algunas precauciones: todavía existe el “honor” en la aristocracia y se lo toman muy en serio, los criminales tienen un código de conducta que no se rompe pese a las insistentes preguntas de la policía, la ejecución de ciertos trucos depende demasiado de la suerte y la competencia de los investigadores está al nivel del FBI en la serie “The Following”. Sin embargo ninguno de estos inconvenientes supera el crimen editorial de desvelar demasiado en la contraportada, aun sabiendo que la gracia del libro está en el “cómo-lo-hizo” plantear todos los misterios que te vas a encontrar en la sinopsis deja más de 100 páginas sin ninguna sorpresa.

Como curiosidad es uno de los libros que Pierre Boileau escribió en solitario y ganó el “Gran Prix d’Aventures”. Más adelante el mismo premio lo ganará Pierre Ayraud, más conocido por su nombre de guerra Thomas Narcejac, a la ceremonia estaban invitados los anteriores ganadores y es en ella cuando se conocen. No tardarán mucho en empezar la colaboración con la firma Boileau-Narcejac y de sus libros saldrán, más o menos, las películas “Las diabólicas” y “Vértigo”.

Dos artistas: Bence Hadju y Pavel Maria Smejkal

Abandoned Paintings (2012) - Bence Hajdu. Via Naimoka
Abandoned Paintings (2012) – Bence Hajdu. Via Naimoka

Fatescapes - Pavel Maria Smejkal. Saigon (1968) manipulación sobre la fotografía original de Eddie Adams. Via.
Fatescapes – Pavel Maria Smejkal. Saigon (1968) manipulación sobre la fotografía original de Eddie Adams. Via.

Pinchando en los enlaces se accede a los originales del cuadro y fotografía que han sido vaciados.

Tres relatos frustrantes

Via Decorso Lento
Via Decorso Lento

En el sentido clásico histórico, existen tres historias cortas que son auténticos enigmas, La primera siguiendo un orden cronológico, es Romance Medieval Espantoso y Terrible, de Mark Twain, (1871), y por lo que sabemos, ni Twain ni ningún otro autor ha escrito una solución o secuela a ese misterio.

La segunda es la sorprendente ¿La Dama o el Tigre? (1884) de Frank R. Stockton: pero la propia “continuación” del autor acababa en una situación igualmente imposible, y no se hizo popular. Sin embargo, Jack Moffit, en su La Dama y el Tigre (publicada en esta revista en 1948) no solamente revelaba quién salió por la puerta abierta, sino que lo hacía de forma tan convincente, que en todos estos años no hemos recibido ni un solo voto en contra de nuestros lectores.

La tercera de las historias es La Tarjeta Misteriosa, de Cleveland Moffet (1896). Al igual que Stockton, Moffet intentó escribir su propia explicación, titulada “La Misteriosa Tarjeta sin Descubrir”, pero su solución a lo que constituyó una auténtica leyenda en aquella época no obtuvo la aprobación de los lectores.

Presentación del relato El espía y la tarjeta misteriosa de Edward D. Hoch una solución a la historia La Tarjeta Misteriosa que no me satisface y que se puede encontrar en la edición española del Ellery Queen’s Mystery Magazine (nº 1, 1976).

Amor cortés

vlcsnap-00273

vlcsnap-00275

vlcsnap-00276

comillasCuando te enamoras o te casas con un hombre que está en la cárcel la relación que se establece es increiblemente intensa porque el hombre dispone de mucho tiempo libre para escribir cartas de amor o poemas, o para pintar cuadros. Esa es su manera de transmitir toda su energia y su apasionado romanticismo a esa mujer con la que no puede haber una satisfacccion sexual. De esa manera se convierte en una especie de caballero de la mesa redonda que pone a su dama en un pedestal, la corteja y la adora. Es una amor en el que solo hay un cortejo no hay relaciones intimas, simplemente la mujer esta un pedestal y el hombre la idolatra desde lejos.

Sheila Isenberg

Documental Enamorada de un asesino

El caballo que nunca estuvo allí

Empezaríamos haciendo unas ligeras modificaciones a estos zapatos:

Via Library of Congress
Via Library of Congress

Durante la Ley Seca los destiladores ilegales añadían unos bloques de madera a sus zapatos para que sus huellas simularan las de una vaca. Trataban de esta manera de confundir a los agentes de la ley para que no rastrearan el recorrido a sus destilerías ocultas. La modificación que sugerimos es cambiar la huella de vaca por la de caballo para de esta manera poder valernos del segundo elemento:

Via If Charlie Parker Was a Gunslinger, There’d Be a Whole Lot of Dead Copycats

El Museo del Crimen de la Academia de Policia de Nueva York posee un amplio catálogo de armas usadas por gansters y asesinos para matar. La que se muestra en la fotografía, de 1930, está relacionada con los crímenes de la herradura. Consta de un bate al que se le han incorporado dos herraduras con la pretensión de que el asesinato sea confundido con un accidente provocado por la patada de un caballo.

Si fuera un arma perfecta no estaría en un museo de la policía por lo que no se recomienda su uso.

Las posibilidades literarias de las cajas de palomitas vacias

bundy

Los asesinos en serie me aburrían e irritaban. Constituían una rareza estadística en la vida real, pero una auténtica peste en los medios de comunicación. Novelas, películas y espectáculos televisivos los celebraban como monstruos y explotaban su potencial en sencillas tramas de suspense. Los asesinos en serie eran unidades de maldad autocontenidas, el contraste perfecto para el policía tópico con los nervios de punta. La mayoría de esos psicópatas sufrían espantosos traumas infantiles. Los detalles daban para un buen psicodrama y les proporcionaban cierta aura de víctimas. Los asesinos en serie eran folladores compulsivos y drogados y niños maltratados por dentro. Asustaban de entrada y eran tan prescindibles como una caja de palomitas. Sus impulsos hiperbólicos absorbían a lectores y espectadores y los distanciaban de su propio arrebato fantasmal. Los asesinos en serie eran muy poco prosaicos. Eran mundanos, ingeniosos y fríos. Hablaban con un eco nietzscheano. Eran más atractivos sexualmente que el retorcido cabrón que había matado a dos mujeres por lujuria y pánico y había aplicado la presión exacta a un gatillo de dos tiempos.

Yo también saqué partido de los asesinos en serie. En mis tres novelas los rechacé a sabiendas. Eran buenos figurantes para una trama, pero pura basura literaria desde cualquier otro punto de vista.

Mis rincones oscuros
James Ellroy