La normalidad de los hechos importantes

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Una mujer sirve una taza de té a un soldado británico durante los combates posteriores al desembarco de Normandía (Lisieux, 22 de agosto de 1944) Via

8 de abril de 1941

Acabo de leer La batalla de Gran Bretaña, el best-seller del ministro de Información. Había una demanda tal que durante unos días no ha habido ejemplares. Dicen que lo ha escrito Francis Deeding, escritor de novelas de suspense. Es el primer recuento oficial, por lo menos en inglés, de la primera gran batalla de la historia desarrollada en el aire. Dado que lo están traduciendo a muchas lenguas, y que sin duda será leído en todo el mundo, es una pena que no hayan tenido el sentido común de evitar la nota propagandística. El panfleto está lleno de “heroísmo”, “hechos gloriosos”, etc. y se habla de los alemanes con menosprecio. ¿Por qué no se han limitado a dar un recuento frío y adecuado de los hechos, que al fin y al cabo ya son muy favorables? Gran Bretaña ha perdido la oportunidad de producir algo que se aceptaría en todo el mundo como un  trabajo serio y que se utilizaría para contrarrestar las mentiras alemanas.

Lo que me ha impresionado al leer La batalla de Gran Bretaña es que, al comparar las fechas del libro con las correspondientes en este diario, he comprobado que los grandes hechos “épicos” nunca parecen muy importantes en su momento.

Diario de guerra
George Orwell

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Orwell propagandista

Cita

En 1941 George Orwell empezó a trabajar para la BBC en tareas propagandísticas. Algunas de las experiencias en este servicio las relata en el Diario de guerra (1940-1942):

14 de marzo de 1942

Llevo unos seis meses en la BBC. Si los cambios políticos que preveo se producen, seguiré aquí; en caso contrario, probablemente me iré. La atmósfera oscila entre un colegio de niñas y una casa de locos. Todo lo que hacemos en este momento es inútil, o peor que inútil. Nuestra estrategia radiofónica es todavía más desesperanzadora que nuestra estrategia militar. Con todo, uno se vuelve propagandista y desarrolla una astucia que no tenía antes. Por ejemplo, regularmente manifiesto en mis partes que los japoneses están conspirando para atacar a la Unión Soviética. No creo que sea el caso, pero el cálculo es el siguiente: Si los japoneses atacan a la Unión Soviética podremos decir: “ya os lo decía yo”. Si los soviéticos atacan primero, como hemos fabricado un complot japonés de antemano, podemos pretender que la iniciativa partió de los japoneses. Si no hay guerra, podemos aducir como causa que los japoneses tenían demasiado miedo a la Unión Soviética.