Doblar y cortar

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comillasCuando los films procedían del extranjero era obligatorio el doblaje al castellano. Esa exigencia proporcionó un mecanismo extraordinario a los censores: la posibilidad de intervenir libremente en los diálogos, poniendo en boca de los actores frases que no habían dicho jamás.

Junto a esta práctica, el corte de escenas y planos llegaba a hacer irreconocible o incomprensible una cinta y colocaba a su realizador en el voluminoso pelotón de los cineastas “difíciles”, “herméticos” o “simbólicos”, dando pie a la sospecha -siempre impopular- de que hacía un cine intelectual y premeditadamente elitista.

La censura cinematográfica en España
Alberto Gil

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