Invasión USA

El corso en tierra —Barcelona 1º de Abril—Dice el Noticiero Universal que un antiguo jefe de voluntarios que peleó contra los carlistas, hace el ofrecimiento de reclutar en toda Cataluña diez mil ó dtumblr_o0bqm15k5G1v3kpm8o1_400oce mil hombres con objeto de guerrear por su propia cuenta contra los Estados Unidos en el caso de que éstos reconozcan la beligerancia de los insurrectos cubanos.

El jefe de que se trata pone por única condición que el gobierno arme á los voluntarios que él reclute y los conduzca hasta desembarcarlos en un puerto ó playa de los Estados Unidos.

En cuanto á la manutención de los mencionados diez mil ó doce mil hombres, dice que ellos se la buscarán.

El Correo de España : periódico ilustrado de intereses españoles
3 de mayo 1896

 

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Rock in Cebreiro.

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Explorando los restos de los barcos españoles de la Guerra de Cuba, fotografías de 1899. Via Not in the History Books

    The Hindustan Times publicó hace poco una noticia donde revelaba que los negocios dedicados a la recarga de teléfonos venden los números de algunas jóvenes a los hombres que lo solicitan; cobran 500 rupias (7,60 dólares) por una joven “bonita” y 50 rupias por una “ordinaria”.

Frei Martín Sarmiento foi o primeiro en abordar o tema ao atopar que os montes do Cebreiro (Galicia) no século XIII chamábanse en latín monsdicitur Onagrorum, o que lle levou a descubrir que en multitude de documentos medievais portugueses e españois se falaba dos cebros

El cometa Halley y el Campo da Estrada

Halley’s Comet, June 6, 1910.  Science and the seventh seas.  1945. Via

Halley’s Comet, June 6, 1910. Science and the seventh seas. 1945. Via

En la primera parte de las memorias de Emilio González López (Memorias de un estudiante liberal) cuenta como su padre lo llevó al Campo da Estrada (Coruña) a ver el paso del cometa Halley en 1910.

comillasDe los recuerdos más vivos de estos años, en los que estudiaba en el Colegio Budén y residía en San Roque d’Afora, es el de la presencia en los cielos del Cometa Halley, que atemorizó a una serie de gentes, pensando que había llegado el fin del mundo y de los pecados de la Humanidad; y despertó la curiosidad de otros, deseosos de ver en los cielos tan extraño fenómeno. A estos últimos pertenecía mi padre, que me llevó con él al Campo de la Estrada, desde donde, según los entendidos, podía seguirse más fácilmente la marcha del cometa.

El Campo de la Estrada era el lugar por excelencia de La Coruña para contemplar cuantos fenómenos ocurrieran en los cielos y algunos también en el mar. Mi padre me contó, más de una vez, como él había acompañado al suyo, siendo él todavía niño, para ver, un día de 1898, partir de la Ría del Ferrol los barcos de guerra que iban a formar parte de la escuadra del almirante Cervera, los cuales zarpaban para Cuba para defender la isla contra el ejército y la marina de los Estados Unidos; y allí serían totalmente destruidos por la armada norteamericana en Santiago de Cuba. Mi abuelo, que había estado varias veces en los Estados Unidos, donde residía su hermano Ricardo, conocía muy bien poder naval de los Estados Unidos; y sospechaba la triste suerte que le esperaba en Cuba a los barcos de guerra españoles. Según él me contaba, acudió al Campo de la Estrada una enorme muchedumbre que vio salir, en silencio, los barcos de nuestra escuadra, en la que muchos tenían parientes, pues la mayor parte de los oficiales y marineros de la escuadra eran gallegos. Se despedían de ellos como si fueran a la muerte; y ésta era la última vez que los sentían vivos.

Ahora era yo quien acompañaba a mi padre en muy distintas circunstancias, menos trágicas, aunque entre los espectadores allí reunidos abundaban los que estaban sumamente asustados por la aparición del cometa. El cometa, ya viejo en estas apariciones, pues antes de que lo estudiara el astrónomo inglés Edmundo Halley, había hecho una serie de apariciones, a través de los siglos, en 1456, en 1561, en 1607 y en 1662, debía ser un artista consumado en el arte de evadir las miradas de los mortales, porque, pese a todos los esfuerzos que hicimos mi padre, yo y cuantos había a nuestro alrededor, no logramos verlo. Al parecer se requería algo más que la simple mirada para percibir las andanzas del errático cometa.

El Campo de la Estrada parecía padecer un maleficio, como si estuviera asociado más a los fracasos y a las desgracias que a los éxitos y la aventura.