Montecristo

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A Valentine message sent to a young woman is seized by a man: she and two other people laugh as the message is read out. Etching by J. Burnet, 1820, after his painting.

[…] Son los libros que a lo largo de la historia han tenido un gran éxito de ventas, los best sellers, los libros más vendidos, a los que podemos considerar también los más leídos, aunque para demostrarlo rigurosamente sería necesario investigar sobre el intercambio de libros, los préstamos en bibliotecas públicas, los clubs de lectores, o la lectura en voz alta -por ejemplo, la que se hacía en la fábricas de tabaco cubanas, y que dio lugar a una anécdota divertida; la marca de habanos Montecristo debe su nombre al éxito que entre los obreros tuvo la novela de Alejandro Dumas.

Código Best Seller
Sergio Vila-Sanjuán

 

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Lectores y realidad – Moebius

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comillasLa única manera de permitir que el lector se identifique con el personaje es que de la espalda a la realidad. Es decir, que no comprenda nada ni quiera comprender y que hasta el último momento niegue lo que pasa, que viva en la más absoluta negación. Esa es la única forma de llegar al lector de hoy en día.

Jean Giraud

Moebius Redux
Documental

Foro de libros viejos

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Notice. Via

comillasA veces tengo la tentación de abrir un foro de lectura dedicado a las obras clásicas de las librerías de viejo. Navegar entre post que tengan por tema:  ¿Por qué leer a A. J. Cronin?, Mis libros de preferidos de Arthur Hailey o ¿Qué me recomendais de Axel Munthe después de “La historia de San Michele”? Tendría una sección de diseño donde los más creativos podrían reinventar portadas para bestsellers pasados de moda, un apartado para reirnos de los libros que fueron escandalosos en el pasado, un subforo exclusivo para lectoras de Gibran donde solo se pudieran comunicar con frases del poeta y habría un concurso para descubrir quien de todas es un bot. También existiría una sección para enviar las dedicatorias que encontramos en los libros de segunda mano, con subapartado dedicado a lo que encontramos dentro de los libros (quinielas, calendarios, flores secas, manchas de humedad, subrayados…).
Quizás, con algo de suerte, seríamos 8 foreros.

Dile adiós a todo esto
Nicholas Graham

Abrían unha carta e saía un morto

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Via

comillasCando era nena, no meu lugar de Uz, todas as cartas que chegaban eran ou para ir a guerra ou para dar noticia dalgunha morte. Sempre. Abrían unha carta e saía un morto. E sempre pensei: Eu non quero saber ler. A min non me vai saír o morto nin unha chamada á guerra nin a comunicación dunha multa por ir por leña ao monte.

Mais agora podes ler outras cousas, dixo Garúa en ton pícaro. Poder ler e escribir cartas de amor.

Ai, iso aínda é máis triste.

O último día de Terranova
Manuel Rivas

Vida

- ¿Qué lees? - Cerrajería. Mi amigo tiene un escritorio antiguo de tapa que no puede abrir, así que voy a echarle una mano. Via Humans of Portland
– ¿Qué lees?
– Cerrajería. Mi amigo tiene un escritorio antiguo de tapa que no puede abrir, así que voy a echarle una mano.
Via Humans of Portland

comillas– ¿Cuántos años tenías?
– ¿Veinte? Así pues, escuela femenina, instituto, año sabático, universidad. En aquel momento me parecía mucha experiencia vital. Así que le conté todo aquello, sobre mí misma. Después le pregunté sobre su vida y me habló de libros. Como si estuviera hecho de todos aquellos libros que había leído o pretendía leer.

Luther: el origen
Neil Cross

La mejor biblioteca del mundo

La lectura de Acabar de una vez por todas con las lecturas obligatorias me lleva a preguntarme por qué mi experiencia con las lecturas obligatorias no es nada negativa ¿tuve suerte en los libros que me tocaron? Incluso la hora de la lectura en silencio la recuerdo rota con una incontrolable risa de Fandiño, pero risa de esa que al final te duele la barriga, que no parecía que fuera a terminar. La profesora miraba sorprendida al alumno que por mucho que lo intentaba no podía parar de reir. Cuando lo consiguió y se secó las lagrimas de los ojos se justificó con un: “Mi madriña, vaya hostión se pegó el ciego”. Estábamos leyendo, por supuesto, el Lazarillo.

No se si un profesor de Lengua siente más orgullo cuando ve que sus alumnos saben diferenciar las coordinadas de las subordinadas, colocar bien las tildes (lo siento) o conjugar correctamente los verbos (lo siento mucho, de verdad) pero esa expresión visceral, incontrolable y poco correcta políticamente estoy seguro que alegró más a mi profesora que una enumeración correcta de los amos del Lazarillo. A lo mejor fueron profesores así los responsables de que nunca existiera para mi eso de las lecturas obligatorias. Uno de ellos, sin duda el más sabio, me castigó cuando confundí ejercer la crítica literaria con el spam. Esta es la historia.

'Great Explorers of Africa. With illustrations and map'. Via Flickr
‘Great Explorers of Africa. With illustrations and map’. Via Flickr

En 4º de EGB creamos nuestra biblioteca en clase llevando cada niño un libro o cómic que quedaba en depósito durante el curso. Los libros podían ser de cualquier tema, formato o extensión y recuerdo ver algún volumen de Novelas Ilustradas, tomos sueltos de la Biblioteca de Los Jóvenes Castores, tebeos de superhéroes y “libros-libros”. La biblioteca tenía algunas normas:
1.- Todos los libros llevan el nombre del propietario (se había dedicado una clase de “Expresión artística” a protegerlos).
2.- Cada viernes por la tarde se llamaba por filas (cada vez una diferente) y cada uno escogía un libro. Estabas obligado a elegir y llevarte el libro de la biblioteca sin embargo no estabas obligado a leerlo. Si querías dejar el libro bajo el pupitre y entregarlo el lunes no pasaba nada.
3.- Los libros se entregaban la siguiente semana, a más tardar el jueves, pero si por alguna razón necesitabas más tiempo podías solicitarlo al profesor. La condición casi siempre era que informaras al propietario en qué parte estabas y que él diera el visto bueno.

El libro que dejé en la biblioteca era una versión de La isla del tesoro que contaba la historia en las páginas pares con texto y en las impares con viñetas. Tenía buena salida y era raro que si salías en la tercera o cuarta fila estuviera todavía en la Biblioteca, había un gran de orgullo en el hecho de que tu libro fuera uno de los más populares. Otros no tenían tanta suerte y quedaban siempre para el final pese a los esfuerzos de sus propietarios, tus compañeros, por convencerte de que eran buenos. A veces el tamaño, a veces la portada, a veces el “todo texto”, a veces porque era el libro del chapón de la clase y de allí no podía salir nada bueno…

En otras ocasiones te llevabas el libro porque era el de un amigo aunque no pensabas leerlo. Yo lo hice. Incluso cumplí con las trámites que consistían en levantar el libro y mirar para su avalista mientras volvías a tu asiento donde lo abrías con expresión de interés mientras pensabas “esto lo guardo en la mochila y lo devuelvo el martes”. Ocurría, en ocasiones, que el paripé de la atención que te obligaba picotear las primeras líneas te enganchaba y entendías los esfuerzos del propietario porque lo leyeras. Cobraba sentido el entusiasmo de algún apologista de quien creías que sólo decía que el libro le gustaba para que su dueño, que también traía el balón al colegio, lo escogiera antes cuando se hacían los equipos de fútbol.

La siguiente semana mientras esperabas que llamaran a tu fila llamabas la atención de tus mejores amigos en el turno de los que ya elegían:
– ¡Pschh! ¡Seoane! ¡Seo! coge “El zoo de Pitus” que está muy bien.
Un castigo de un lunes sin recreo me costó mi dedicación a la crítica literaria.

Mejor en la taberna que en la biblioteca

Via Zen Garage
Via Zen Garage

Estas bibliotecas [por suscripción] eran complementadas por las bibliotecas gratuitas, es decir, la subvencionadas mediante cuota y que, después de superar la fuerte oposición de la Cámara de los Comunes, basada en que si las clases trabajadoras se dedicaban a leer perjudicarían los intereses de la agricultura por el hecho de beber menos, acabaron por ser aprobadas en 1850. Entre la aprobación parlamentaria y la disposición local en favor de la apertura de bibliotecas a expensas de unos socios, hubo un importante paréntesis y en 1887 sólo había en Londres dos parroquias que poseyeran bibliotecas financiadas con las cuotas de los socios. Sus detractores estimaban que se encaminaban con toda seguridad hacia la ruina, y a principios de 1890 un corresponsal del Evening Standard anunciaba que había en Brighton un joven que pasaba todo su tiempo en la Biblioteca Pública “leyendo literatura ligera” y sin trabajar. Otro visitante de la biblioteca de Brighton decía que “no había maldición peor que esas bibliotecas y prefería ver a un muchacho matando el tiempo en la taberna que en aquellos lugares”. Las bibliotecas públicas no eran frecuentadas por la alta burguesía. Un estudio de los usuarios de esas bibliotecas en Manchester reveló que el grupo más numeroso estaba integrado por “artesanos y mecánicos”. Muchos buscaban libros útiles o encaminados a la promoción personal, pero fue inmediata la demanda de literatura, que fue en aumento a medida que se incrementaba el sector que alimentaba.

Historia del relato policial
Julian Symons

La biblioteca de Marilyn

Everlasting-star.net dedica un post a las lecturas de Marilyn Monroe indicando tanto los libros que constaban en las posesiones de la actriz como aquellos que mencionó haber leído en entrevistas. El resultado, como en toda biblioteca personal, es muy ecléctico e imagino que como todos los propietarios de una biblioteca un poco amplia no se haría responsable de cada uno de los libros que poseía (hay momentos, regalos, malas recomendaciones, modas…). Aquí van 20 que me llamaron la atención:

Foto de John Florea, 1951 - Via Bookporn
Foto de John Florea, 1951 – Via Bookporn

2) How To Travel Incognito by Ludwig Bemelmans
6) Marilyn Monroe by George Carpozi
42) The New Joy Of Cooking by Irma S. Rombauer & Marion Rombauer-Becker
77) Bedside Book Of Famous Short Stories
141) Pet Turtles by Julien Bronson

Parade Magazine, foto de Ben Ross, Junio 1951
Parade Magazine, foto de Ben Ross, Junio 1951. Via Bohemea

142) A Book About Bees by Edwin Way Teale
143) Codfish, Cats & Civilisation by Gary Webster
197-198) Justine by Lawrence Durrell
208) The Philosophy Of Schopenhauer by Irwin Edman
264) Selected Poems by Rafael Alberti

Via Adorable, Exalted
Via Adorable, Exalted

268) Poet In New York by Federico Garcia Lorca
270) Love Poems & Love Letters For All The Year
283) Das Kapital by Karl Marx
326) Relax And Live by Joseph A. Kennedy
329) Hypnotism Today by Leslie Lecron & Jean Bordeaux

Via He sought me out
Via He sought me out

332) Baby & Child Care by Dr Benjamin Spock (pub. 1958)
346) Why I Am Not A Christian, by Bertrand Russell
356) Our Knowledge Of The External World, by Bertrand Russell
358) Out Of My Later Years by Albert Einstein
367) Sexual Impotence In The Male, by Leonard Paul Wershub.

Toda la lista en Marilyn’s Library