El hombre de Fuchu

 

 

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Hiroshima, septiembre 1945

Diario de Hiroshima (6 de agosto – 30 de septiembre de 1945) de Michihiko Hachiya es la crónica de los días que siguieron a la explosión de la bomba atómica contada por un médico de la propia ciudad. Uno de los momentos más singulares es el relato del hombre de Fuchu que cuenta una supuesta respuesta bélica de Japón tras el bombardeo de Nagasaki que trae la alegría a todos los convalecientes:

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[11 de agosto de 1945] Después de la noticia de que habían bombardeado Nagasaki, llegó de Fuchu un hombre con la increíble versión de que Japón poseía la misma arma misteriosa, pero que hasta la fecha la había mantenido en estricto secreto y no la había utilizado por juzgarla demasiado horrible hasta para mencionarla. El individuo aseguró además que un escuadrón de ataque especial de la marina acababa de emplear la bomba contra el territorio continental norteamericano, y que su información provenía nada menos que del Cuartel General Central. El golpe había estado a cargo de un escuadrón integrado por bombarderos transoceánicos de seis motores, dos de los cuales no habían regresado; todo hacía suponer que éstos se habían arrojado contra los blancos para asegurar el éxito.

Si San Francisco, San Diego y Los Ángeles habían recibido el mismo castigo que Hiroshima, ¡qué caos debía de reinar en esas ciudades!

¡Por fin Japón estaba tomando represalias!

A partir de entonces la atmósfera cambió por completo en la sala y por primera vez desde el bombardeo afloraron sonrisas en todos los rostros. Quienes habían sufrido más parecían los más contentos. Se hicieron bromas, y algunos entonaron la canción de la victoria. Se rezó por los soldados. Ahora sí, ahora estábamos convencidos de que la balanza de la guerra comenzaba a inclinarse a nuestro favor.

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La leyenda del kurgan de Tamerlán

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Photographer Documents China’s Desolate Disappearing Villages Before They’re All Gone

comillasAllí, en el fin del mundo, a la orilla de un valle desnudo, encontramos un monstruoso kurgan, una tumba montículo de rocas amontonadas en un sombrío tumulto de quince metros de altura: el sepulcro de algún jefe escita o turco […]
Gris acero, castaño o rosa y plateadas por los líquenes, debía haber al menos cincuenta mil [piedras]. Era imposible calcularlo. Las había levantado para honrar la memoria de un solo hombre, pero una leyenda lo había multiplicado. Se decía que Tamerlán, al pasar hacia el este con su ejército, había ordenado a cada soldado que cogiera una roca y la apilara a su paso. Años después, a su retorno, cada hombre se llevaría su piedra a Samarkanda, y las que quedaran se convertirían en un cenotafio a los caídos.

El corazón perdido de Asia
Colin Thubron

As lebres encantadas

Weird Medieval Marginalia (Manuscript Art). Via
Weird Medieval Marginalia (Manuscript Art). Via

comillasTodos os castelos en ruínas teñen a súa lebre encantada -“sordet”- e por eso no país de Laimion existe a lebre dos castelos de Tonquédec, a de Coatfrec, a de Coatnizan, a de Kerham, e aínda outras.
Estas lebres son as almas de antigos señores que fan penitencia baixo esta forma. Xa que eles facían tremer a todo o mundo en vida son condenados a converterse no máis temeroso dos animais, despois da morte. E non serán liberados sen sufrir, por parte dos cazadores que tiran sobre elas sen saber o que son, tantos disparos como golpes tiñan dado, ou feito dar, nas pobres xentes a eles noutro tempo vencelladas.
O chumbo atravésaos dunha a outra parte sen matalos, e se que deiten unha soa gota de sangue: pero non deixan por iso de ter igual sufrimento.

Memorias dunha terra
Xosé María Castroviejo
citando o libro La Légende de la Mort, chez les Bretons Armoricains de Anatole Le Braz

La grande peu

David Cusick, Sketches of Ancient History of the Six Nations, 1828. Via
David Cusick, Sketches of Ancient History of the Six Nations, 1828. Via

comillasUn ejemplo dificilmente igualable de la repercusión que puede tener el rumor a la leyenda para determinar el futuro lo constituye -sin duda- el fenómeno que se conoció en Francia como la grande peu y que, según un estudio pionero en la historia social debido a Georges Lefebvre, habría contribuido de forma importante a las revueltas que culminaron en la Revolución de 1789. El miedo a que llegaran bandas organizadas de malhechores a incendiar las cosechas o a atacar a las ciudades y pueblos provocó que las gentes se armaran formando brigadas ciudadanas y campesinas. La confusión debió de ser tal que las brigadas nacidas para combatir a las bandas se convirtieron en realidad en las bandas que habían temido e incendiaron castillos y poblaciones, presa de un furor no del todo explicado ni explicable.
Según la interpretación de Lefebvre (1932), el rumor de que esas bandas iniciales actuaban instigadas por un “complot aristocrático” acrecentó el odio de la burguesía y las masas populares contra las élites dominantes, y encendió definitivamente la mecha de la rebelión. Pero, según revisiones actuales del tema, “el gran pánico” fue una cadena de pequeños pánicos y la hipótesis del “complot aristocrático” solamente una de las formas -y no la más difundida- que adquirió el rumor. También circuló la versión de que eran bandas de extranjeros de diferentes nacionalidades o contratados por un país enemigo, o ladrones y bandidos procedentes de las provincias colindantes y rivales. Las versiones, pues, acogían casi todas las formas posibles del “enemigo imaginado”. Pero, en cualquier caso, el resultado fue que la gente decidió defenderse por su cuenta del peligro, reconociendo de facto que el orden que les cobijaba ya no era tal, no les servía.

La fuerza de lo imaginado o el temor présago:
miedo al futuro desde el pasado en las leyendas actuales.

Luís Diaz Viana

Antropologías del miedo
Edición de Gerardo Fernández Juárez, José Manuel Pedrosa

Llámeme condesa Pola

Pola Negri, Forbidden Paradise, 1924. Via
Pola Negri, Forbidden Paradise, 1924. Via

comillas[Pola] Negri abandonó Hollywood y regresó a Europa, en donde hizo películas en varios países durante los años treinta. Una de ellas, Mazurca, rodada en Alemania en 1935, se convirtió en la favorita de Hitler. Los rumores de un idilio entre Pola y el Führer la pusieron en el candelero. Demandó a “Pour vous”, la revista francesa que publicó el rumor, y se llevó un buen dinero. Su costurera descartó un romance con el líder nazi. “Mayor dictador que Miss Negri no puede haber -afirmaría-. Ella nunca iba a aceptar órdenes de Hitler.”

El crepúsculo de los dioses
Sam Staggs