La protección antifalsificación del Louvre

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Guy Isnard, uno de los primeros policías especializados en arte, organiza una exhibición de falsificaciones en el Grand Palais (París, 1955). Via

comillasEl Louvre facilitaba la presencia de pintores aficionados, permitiéndoles copiar a los maestros y guardar sus caballetes y sus cajas de pinturas en los abundantes armarios y hornacinas que se abrían en el revestimiento de las paredes. Pero con una condición: ningún lienzo podía ser del mismo tamaño que el original. Era un intento modesto, y bastante ineficaz, de evitar las falsificaciones, endémicas en toda Europa. El coleccionismo se había convertido en uno de los deportes favoritos de los potentados norteamericanos, y el mercado del arte, verdadero o falso, estaba alcanzando cotas extraordinarias.

El robo de la sonrisa.
¿Quién se llevó la Gioconda del Louvre?
R. A. Scotti

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El retrato Chandos

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Chandos portrait – Wikipedia

La doctora Tanya Cooper, curadora de la sección de retratos del siglo XVI de la National Portrait Gallery de Londres, indica lo que puede saberse del retrato Chandos una de los supuestas pinturas que representan a Shakespeare:

comillasBueno, la pintura corresponde al período correcto, de eso al menos podemos dar fe […] El cuello es de los que usaban entre 1590 y 1610, que es cuando Shakespeare gozó de mayor popularidad y por consiguiente bien pudo posar para un retrato. También podemos decir que se trata de un sujeto algo bohemio, lo cual es perfectamente acorde con su dedicación al teatro, y que su situación es desahogada, tal como debió de ser la de Shakespeare durante aquellos años.
Le pregunté en qué se basaba para llegar a tales conclusiones.
– Verá -me dijo-. El pendiente es un signo de bohemia. Un hombre con pendiente significaba lo mismo entonces que ahora, es decir, que su portador era una persona más atenta a la moda que el común de los mortales. Tanto Drake como Raleigh fueron retratados llevando pendientes. Era un modo de anunciar su talante aventurero. Era habitual que, si el hombre podía permitírselo, usase bastantes joyas, casi siempre bordadas a la ropa. Así que nuestro sujeto es, o bien discreto, o bien no enormemente rico. Yo me inclinaría por esto último. Por otra parte, podemos inferir que era próspero (o que deseaba aparentarlo), pues viste enteramente de negro […] Hace falta mucho tinte para lograr un negro perfecto. Resulta mucho más barato confeccionar ropa de color crudo, beis o cualquier otro tono claro. De modo que en el siglo XVI la ropa negra era casi siempre un signo de distinción.

[¿Qué probabilidades hay de que el retrato sea de Shakespeare?]
– Sin documentación acerca de su procedencia, no puede saberse. Y es muy poco factible que, habiendo pasado tanto tiempo, esa documentación aparezca algún día.
Pero si no es Shakespeare, ¿quién es?
La doctora Cooper sonrió.
– No tenemos ni idea.

Shakespeare de Bill Bryson.

Telas para repintar

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The Red Vineyard – Wikipedia

Sólo en los últimos meses de su vida recibiría -más bien con indiferencia- dos buenas noticias concernientes a su carrera artística; un crítico distinguido publicó en el Mercure de France un importante estudio acerca de su pintura, y su hermano Théo, modesto marchand de cuadros impresionistas, logró vender, por primera vez, una tela suya (“Viña roja”) por una suma naturalmente baja. En diferentes ocasiones, cuando no le llega la exigua cantidad de dinero que el generoso hermano le envía para cubrir sus más elementales necesidades, o cuando la fiebre creadora lo quema de tal modo que los tubos se vacían vertiginosamente, para procurarse algunos centavos Van Gogh toma un gran lote de sus telas -supongamos que de las “peores”- y va a cederlas a un ropavejero que las revende como “telas para repintar”. “¡Un grupo de sus telas, en paquetes de a diez, fue vendido en la calle a razón de 50 céntimos hasta un franco cada paquete!”.

Fayad Jamís en la introducción de
Cartas a Theo de Vincent Van Gogh

Apolek, pintor religioso

Muerte de la Virgen - Caravaggio | Polémica sobre el cuadro
Muerte de la Virgen – Caravaggio | Polémica sobre el cuadro

comillasMás tarde, Apolek terminó la Santa Cena y la lapidación de María Magdalena. Un domingo descubrió los decorados muros. Los conspicuos ciudadanos, invitados por el cura, reconocieron en el apóstol Pablo a Yáneka, el cojo converso, y en María Magdalena a la joven hebrea Elka, hija de padres desconocidos y madre de muchos hijos de la calle. Los insignes ciudadanos mandaron cubrir aquellas sacrilegas pinturas. El cura lanzó sus amenazas contra el blasfemo. Pero Apolek no cubrió los pintados muros.

Así empezó una guerra inaudita entre el poderoso cuerpo de la Iglesia Católica, por una parte, y el despreocupado pintamonas, por otro. Esta guerra duró tres décadas: El azar estuvo a punto de convertir al dulce vagabundo en fundador de una nueva herejía. Y habría sido el más refinado y gracioso luchador de cuantos conoce la sinuosa y agitada historia de la Iglesia romana, un luchador que habría recorrido el mundo presa de beatífica embriaguez con dos blancos ratoncitos en su seno y con una colección de finísimos pinceles en el bolsillo.

—Quince zloty por una Virgen, veinticinco zloty por la Sagrada Familia y cincuenta zloty por la Santa Cena con la representación de todos los parientes del comprador. El enemigo de mi cliente puede ser representado bajo la figura de Judas Iscariote, mas para ello habrá que añadir otros diez zloty. —Así lo pregonaba Apolek a los campesinos del contorno después que le hubieron expulsado del templo en construcción.

Caballería Roja
Isaak Babel

Método (fallido) para descubrir la pintura que va a dar dinero por Ambroise Vollard

The Print Collector, c. 1857–1863 - Honoré Daumier. Via
The Print Collector, c. 1857–1863 – Honoré Daumier. Via

comillasAlgunos años después, un holandés, de paso en París, me dijo en el transcurso de una conversación:

—En La Haya tenemos un tipo cuya historia es rarísima. Como huía de la gente y no hablaba con nadie, adquirió fama de ser un espíritu profundo. Sus padres le habían confiado la administración de su fortuna. Tras una estancia bastante larga en París, volvió a su tierra con cajones llenos de cuadros, pero sólo le quedaban algunos florines en el bolsillo. Sometieron sus adquisiciones a los peritos. Éstos declararon unánimemente que, en el lote, los cuadros antiguos, o que pasaban por antiguos, demostraban que era un ignorante en la materia, pero, en cambio, los lienzos modernos sólo había podido adquirirlos un loco. Después de consultar a unos psiquiatras, recluyeron al amateur.

—¡Caramba! ¿No se tratará de mi holandés? —pensé para mis adentros.

En efecto, era él. Al morir este extraño personaje, unos diez años más tarde, se apresuraron sus padres a liquidar el lote de lienzos, que la ley había prohibido tocar durante la reclusión del hijo. Cuando los vendieron, un Van Gogh pasó de los treinta mil francos. Los Cézanne se dejaron a un lado por temor de espantar al público. Cuando se decidieron a enseñarlos, se los disputaron los más grandes coleccionistas.

Esta noticia se divulgó y exaltó hasta tal punto a algunos que llegaron a creer que los locos poseían un olfato especial para descubrir la pintura que iba a dar dinero. En vista de ello —casi no puede creerse— se constituyó una sociedad que reunió un capital y eligió a un deficiente mental, el cual fue enviado a París, acompañado por un delegado, que llevaba la misión de comprar los cuadros indicados por el bobo. Pero éste mostró una indiferencia total por la pintura y se negó terminantemente a visitar las exposiciones, galerías y estudios, por lo cual debieron renunciar al experimento.

Memorias de un vendedor de cuadros
Ambroise Vollard

En el estudio de Renoir – Ambroise Vollard

Seated Girl, 1883 - Pierre-Auguste Renoir Via
Seated Girl, 1883 – Pierre-Auguste Renoir Via

comillas[Ambroise Vollard visita el estudio de Renoir] Renoir me llevó a una de las más vulgares habitaciones: un caballete, dos o tres muebles dispares, un montón de telas y varios sombreros de paja que al pintor le gustaba arrugar entre los dedos antes de que empezaran a posar las modelos. Por todas partes, lienzos, vueltos del revés, unos contra otros. Observé junto a la silla de la modelo, una pila de números de la Revue Blanche, una publicación de vanguardia.
– ¡Es una revista muy interesante! -exclamé.
– ¡Ya lo creo! Me la manda mi amigo Natanson.
Y, al extender yo la mano, Renoir dijo con viveza:
– No me las desarregle, están puestas así para sostener el pie de mi modelo.

Memorias de un vendedor de cuadros
Ambroise Vollard

El señor Dumesnil ve el retrato de Gasquet

Joachim Gasquet  (1896) - Cézanne. Via
Joachim Gasquet (1896) – Cézanne. Via

comillasCezanne hizo un retrato de Gasquet, que se encuentra en el Museo de Praga. Recuerdo que el antiguo profesor de filosofía del poeta, el señor Dumesnil, después de haber contemplado este lienzo durante un gran rato en mi tienda, exclamó:
– ¡Qué cosa más extraña! Yo creí conocer bien a Gasquet, pero delante de este retrato, comprendo que el verdadero Gasquet no es tan ingenuo como me figuraba.

Memorias de un vendedor de cuadros
Ambroise Vollard

El Naufragio – Goya

El Naufragio (1794) - Francisco de Goya. Via
El Naufragio (1794) – Francisco de Goya. Via

comillasEn El Naufragio, algunas figuras se debaten intentando llegar a las rocas, emergen de entre la espuma queriendo escapar del mar como condenados infernales que pugnaran por librarse del fuego. La razón se encuentra ausente y sus gestos, dotados de una terrorífica expresividad, de una fisonomía casi animal, semejan a los de los dementes del Corral de locos que pintó en estas mismas fechas. En medio de esta situación, casi dantesca, Goya sitúa un cadáver desnudo y una figura femenina que levanta los brazos al cielo en una actitud que puede ser interpretada como implorante o, por el contrario, como un gesto de maldición por la fatalidad de su destino.

Naufragios
Esperanza Guillén