Por sólo una renta de 1200 escudos

Si Dios inspirase a Vuestra Alteza Serenísima el pensamiento de concederme tan sólo que los 1.200 escudos que habéis tenido la bondad de fijar se convirtieran en una renta perpetua, sería feliz como Ramón Llull, y quizá con mayor merecimiento… Porque mi invención comprende el uso de la razón entera, un juicio para las controversias, un intérprete de las nociones, una balanza para las probabilidades, una brújula que nos guiará a través del océano de las experiencias, un inventario de las cosas, una tabla de los pensamientos, un microscopio para examinar las cosas presentes, un telescopio para adivinar las lejanas, un cálculo general, una magia inocente, una cábala no quimérica, una escritura que cada uno leerá en su propia lengua; y, finalmente, una lengua que se podrá aprender en pocas semanas, y que enseguida se extendería por todo el mundo. Y que llevaría consigo, adonde quiera que fuese, la verdadera religión.

Leibniz, carta, 1679

La búsqueda de la lengua perfecta
Umberto Eco

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Sambatión

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Niños protestantes de Irlanda del Norte jugando en “Sandy Row” – Peter Marlow | Magnum Photos

comillasSegún una tradición, las tribus [perdidas de Israel] no habrían podido regresar a Israel porque el Señor había cercado su camino con un río legendario, el Sambatión. Durante toda la semana, las aguas del Sambatión entraban en efervescencia, enormes rocas surgían del fondo y se alzaban por los aires para caer después sobre quien buscaba un vado. Solo el sábado el Sambatión estaba tranquilo, pero ningún judío habría violado el día del sábado intentando atravesar aquella corriente de agua ahora en calma. Otra tradición afirmaba que el Sambatión era un río compuesto tan solo de rocas y arena, un caos estruendoso de piedras y tierra que fluía sin parar, y quienes contemplaban aquel espectáculo desde las orillas tenían que cubrirse el rostro para no quedar marcados.

Historia de las tierras y lugares legendarios
Umberto Eco

Los inconvenientes de la inmortalidad – Umberto Eco

Kaslito, “Message in a bottle 2.0”, (2012). Via

Kaslito, “Message in a bottle 2.0”, (2012). Via

comillasSi tuviese o pudiese elegir, y tuviera la certeza de que no pasaría los últimos años afectado de alteraciones seniles del cuerpo o del espíritu, diría que prefiero vivir cien y hasta ciento veinte años en vez de setenta y cinco (en esto los filósofos somos como todos los demás). Pero es justamente al imaginarme centenario cuando comienzo a descubrir los inconvenientes de la inmortalidad.

El primer interrogante es si llegaría solo a esta edad tan tardía (único privilegiado), o si esta posibilidad se les ofrecería a todos. Si solo se me concediera a mí, vería desaparecer de mi alrededor, poco a poco, a los seres queridos, a mis propios hijos y a mis propios nietos. Si estos nietos me legaran hijos y nietos suyos, podría unirme a ellos y consolarme con ellos de la desaparición de sus padres. Pero la estela de dolor y de nostalgia que me acompañarían en esta larga vejez sería insoportable, por no hablar del remordimiento de haber sobrevivido.

Y, además, si la sabiduría consistiera, como he escrito, en la convicción creciente de estar viviendo en un mundo de necios, ¿cómo podría soportar mi supervivencia de hombre sabio en un universo de dementes? Y si advirtiera que soy el único que conserva la memoria en un mundo de desmemoriados que han retrocedido a fases prehistóricas, ¿cómo resistiría mi soledad intelectual y moral?

Peor sería aún si, como es probable, el crecimiento de mi experiencia personal fuese más lento que el desarrollo de las experiencias colectivas, y viviese con una modesta sabiduría démodée en una comunidad de jóvenes que me supera en agilidad intelectual.

Aunque lo horrible sería que la inmortalidad y la vida larguísima se concediera a todo el mundo. En primer lugar, viviría en un mundo superpoblado de ultracentenarios (o de milenarios) que privan de espacio vital a las nuevas generaciones, y me encontraría sumergido en un atroz struggle for life, y mis descendientes acabarían deseando verme por fin muerto. Sí, cabría la posibilidad de colonizar otros planetas, pero entonces o tendría que emigrar yo, junto con mis coetáneos, pioneros en la galaxia, preso de una incurable nostalgia de la Tierra, o emigrarían los más jóvenes, dejándonos la Tierra a nosotros, los inmortales, y me encontraría prisionero en un planeta envejecido, farfullando recuerdos con otros ancianos que se habrían vuelto insoportables por su repetición constante e imparable de cosas ya dichas.

¿Quién me dice que no acabaría aburriendo todas aquellas cosas cuyo descubrimiento en los primeros cien años había sido motivo de asombro, maravilla y alegría? ¿Seguiría sintiendo placer al releer por enésima vez la Ilíada o al escuchar sin cesar el Clavicémbalo ben temperato? ¿Seguiría soportando un amanecer, una rosa, un prado florido, el sabor de la miel? Perdrix, perdrix, toujours perdrix…

Comienzo a sospechar que la tristeza que me embarga cuando pienso que, cuando muera, perderé todo mi tesoro de experiencia es parecida a la que siento al pensar que, si sobreviviera, empezaría a aburrirme de esta experiencia opresiva, fanée y tal vez anticuada.

Tal vez es mejor que, durante los años que todavía me sean concedidos, siga dejando mensajes en una botella para los que vengan después, y espere a la que san Francisco llamaba Hermana Muerte.

Sobre los inconvenientes y ventajas de la muerte

A paso de cangrejo
Umberto Eco

Antropología alternativa

Accidente en playa de Coney Island, 1951. Via Historical Times

Accidente en playa de Coney Island, 1951. Via Historical Times

comillas¿Cuántos antropólogos africanos o chinos han venido a estudiar cómo es Occidente para explicarlo después no solo a sus conciudadanos, sino también a nosotros, quiero decir explicarnos cómo nos ven ellos? Desde hace unos años existe una organización internacional llamada Transcultura que defiende una “antropología alternativa”. Ha promocionado un trabajo consistente en la descripción de la provincia francesa y de la sociedad boloñesa por parte de investigadores africanos que no habían estado nunca en Occidente, y les aseguro que cuando los europeos hemos leído que dos de las observaciones más sorprendentes se refieren al hecho de que los europeos sacan a pasear a sus perros y se desnudan a orillas del mar, la mirada recíproca ha comenzado a funcionar por ambas partes y han surgido discusiones interesantes.

Artículo: Guerras santas, pasión y razón

A paso de cangrejo
Umberto Eco

comillasSus pensamientos estaban muy influidos por su experiencia como estudiante universitario en Greeley, Colorado. a finales de los años 40. Allí el joven radical egipcio quedó impactado por el estilo de vida americano. Entre las cosas que más le llamaron la atención estaban las atrevidas ropas que llevaban las mujeres y el tiempo que los americanos dedicaban al cuidado de sus jardines.

Documental: La hermandad del terror