De cuando Umberto Eco abandonó la fotografía de viajes.

Laelia Goehr. Bill Brandt with his Kodak Wide-Angle Camera. 1945
Laelia Goehr. Bill Brandt with his Kodak Wide-Angle Camera. 1945

He contado en varias ocasiones cómo dejé de hacer fotografías en 1960, tras una visita a distintas catedrales francesas que fotografiaba enloquecido. De regreso, me encontré con que tenía una serie de fotografías mediocres y no recordaba nada de lo que había visto. Tiré la cámara fotográfica y en los sucesivos viajes me limité a registrar mentalmente lo que veía. Como recuerdo, más para los demás que para mí, compraba excelentes postales (Una tarta de fresas y nata)

De la estupidez a la locura
Umberto Eco

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El viaje

Via
Via

comillas[…] ahora había que legislar, establecer cada fase del viaje para que no se volviera un viaje más y sobre todo un regreso más. Lo fijaron contando con los dedos: irían separadamente, uno, vivirían en habitaciones diferentes sin que nada les impidiera aprovechar el verano, dos, no habría censuras ni miradas como las que tanto conocían, tres, un encuentro sin testigos permitiría cambiar impresiones y saber si valía la pena, cuatro, el resto era rutina, volverían en el mismo avión puesto que ya no importarían los demás (o sí, pero eso se vería con arreglo al artículo cuatro), cinco. Lo que iba a pasar después no estaba numerado, entraba en una zona a la vez decidida e incierta, suma aleatoria en la que todo podía darse y de la que no había que hablar.

Alguien que anda por ahí
Julio Cortázar

Travesía

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[Tras regresar de su estancia en París] La primera semana que pasó en Nueva York, Dorothy [Parker] fue todo lo feliz que podía ser. A modo de chanza decía que el viaje por mar había sido “tan movido que lo único que pude aguantar en el estómago fue el primer oficial”.

Dorothy Parker
Marion Meade

Un libro que nunca debió publicarse


Ni siquiera a su editor Victor H. Green le gustaba el libro: “Habrá un día, en un futuro cercano, en que esta guía no tendrá que publicarse… Sera un gran día para todos nosotros cuando podamos dejar de hacerla”. Las palabras son de la edición de 1949, cuando ya llevaba 13 años publicándose, y el futuro del señor Green no estaba tan cerca pues la guía no falto a su cita anual con la imprenta hasta 1964.

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A medida que los viajes en automóvil se popularizaban no todos los conductores gozaron de la misma libertad en la carretera. A la gente de color no se les permitía asociarse a la AAA, no era raro encontrarse con negocios que les negaban el alojamiento y la comida o caer en lugares donde eran vigilados constantemente por policías racistas. Conociendo estas dificultades Victor H. Green publicó The Negro Motorist Green Book una guía de los lugares amigables con los que el conductor afroamericano se podía encontrar a lo largo de su viaje para conseguir alojamiento, comida y un servicio de taller para el coche.

Pueden conseguir la edición de 1949 de The Negro Motorist Green Book aquí.
Mas información sobre esta guia en el post de Slate: A Midcentury Travel Guide for African-American Drivers Navigating Jim Crow