De la utilidad de la exploración

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Edouard Boubat, Untitled, 1950s

A mediados del siglo XVI era común en Perú la idea de que a poniente existían islas muy ricas, aún desconocidas, entre las que se contaban las llamadas Hahuachumbi y Ninachumbi. Tal creencia determinó que el gobernador Lope García de Castro iniciase en 1565 las gestiones para el envío de una expedición marítima. Ya en septiembre de 1565 escribía Castro al rey: «Por tener gran noticia, como se tiene, de las islas que acá llaman de Salomón, y por echar parte de la gente haragana que anda en este reino, envío a Alvaro de Mendaña, mi sobrino, con cien hombres, al descubrimiento dellas».

Galicia e os descubrimentos oceánicos
Amancio Landín Carrasco

De la madera a la seda

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[Los libros más antiguos de China] Los materiales empleados entonces para la escritura fueron el hueso, la concha de tortuga, las cañas de bambú hendidas y, posteriormente, las tablillas de madera, en las que se rayaba con un estilo; se comenzaba a escribir en el ángulo superior derecho y se seguía verticalmente, sucediéndose las columnas de derecha a izquierda, lo mismo que ocurre con los libros chinos de hoy.

Apenas si se han conservado algunos de estos manuscritos en madera. La principal razón para ello fue la gran quema de todos los libros existentes ordenada en el año 213 a. de C. por el emperador Ts’in Shihuangti, como castigo a los autores que se había atrevido a criticar su política. Pocos libros escaparon a la acción del fuego y los producidos después de la gran quema han desaparecido en gran parte, debido sin duda a la descomposición bajo tierra.

Pero la quema de los libros tuvo como consecuencia una intensa actividad literaria. Se luchó por reparar la catástrofe recogiendo y publicando de nuevo cuanto aún pudo salvarse de la literatura clásica desde el tiempo de Confucio y no bastó ya la madera, sino que se pasó a emplear la seda, sobre la que se escribió bien con pluma de bambú o bien con pincel de pelo de camello. Se utilizó una tinta negra, extraída del árbol del barniz, y más tarde tinta china, mezcla de hollín de pino y cola. La seda poseía muchas de las cualidades del papiro de los egipcios, la flexibilidad y la tersura de su superficie, pero también el inconveniente de un precio mayor.

Historia del libro
Svend Dahl

 

La ley y Arabella Stuart

A finales del s. XVIII Inglaterra se deshacía de su población reclusa enviándola a Australia. El envio de población masculina en los primeros viajes trató de compensarse con el Lady Juliana, un barco de prisioneras. Siân Rees cuenta en Burdeles Flotantes aquel viaje y las mujeres que fueron obligadas a participar en él. Varias prisioneras consiguieron huír y evitar el destierro, otras no llegaron a partir por diversos motivos. Uno de estos casos es el de Arabella Stuart que confiaba en que la ley, que se mostraba tan dura en su castigo, podía interpretarse también a su favor:

comillasEse mismo verano Arabella Stuart, una ladrona de poca monta, apareció en Old Bailey asombrando al Tribunal con el reclamo arrogante de que la Ley Santa de Dios, como había dicho el propio Rey, requería que “por todo tipo de trasgresión… a quienes los jueces condenaran… debería pagar el doble a su vecino”. Por tanto, concluyó, según ese decreto debía devolver el doble del valor de lo que ella había hurtado, y desterrándola a Botany Bay ese pago era imposible, así que estaban yendo contra la palabra del Señor. La colgaron.

Primer contacto: Todo esta en tu cabeza

9788434423091Muchas ganas tenía de leer este libro sobre enfermedades psicosomáticas y hasta ahora está cumpliendo todas las espectativas. La autora se dedica a los casos que ocupan el escalón más bajo de la compasión con los enfermos: los que sufren un trastorno psiquiátrico que se manifiesta como una enfermedad. Un diagnóstico que no es muy querido ni por médicos, que piensan que siempre se les puede pasar algo físico, ni por pacientes, que están convencidos de que tienen una enfermedad real. En los casos que expone la principal preocupación de O’Sullivan es curar a los pacientes y hacerles entender el tipo de tratamiento necesario, a los lectores nos ofrece explicaciones sobre el cerebro y nos ayuda a entender que detrás de los sintomas sin explicación médica  no hay un farsante de la aflicción sino, en demasiadas ocasiones, un enfermo en tierra de nadie.

comillasPese a todas las posibilidades, desde los inicios de mi formación supe cuál sería mi decisión. Quería ser neuróloga. Cuando tomé esa decisión sabía lo que significaba y adonde me llevaría. Quería emular a las personas de las que había aprendido, las personas que me habían inspirado. Me gustaba la parte de-tectivesca de la profesión, tener que resolver los misterios de cómo el sistema nervioso transmite sus mensajes y averiguar todos los errores posibles. Imagine a un hombre incapaz de mover la pierna derecha pero que no nota la pierna izquierda: ¿dónde está la lesión? ¿Qué enfermedad tiene? O una mujer que está perfectamente pero no consigue escribir y es incapaz de identificar sus dedos y no atina a indicar cuál es su dedo índice. ¿Qué parte del cerebro, al dañarse, provoca tal situación? Las enfermedades neurológicas se manifiestan de modos esquivos y extraños. Hay un tipo de ataque epiléptico que se activa al cepillarse los dientes. Y extraños trastornos de parálisis temporal que acontecen tras ingerir alimentos salados.

Todo está en tu cabeza
Suzanne O’Sullivan

El hombre de Fuchu

 

 

Diario de Hiroshima (6 de agosto – 30 de septiembre de 1945) de Michihiko Hachiya es la crónica de los días que siguieron a la explosión de la bomba atómica contada por un médico de la propia ciudad. Uno de los momentos más singulares es el relato del hombre de Fuchu que cuenta una supuesta respuesta bélica de Japón tras el bombardeo de Nagasaki que trae la alegría a todos los convalecientes:

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[11 de agosto de 1945] Después de la noticia de que habían bombardeado Nagasaki, llegó de Fuchu un hombre con la increíble versión de que Japón poseía la misma arma misteriosa, pero que hasta la fecha la había mantenido en estricto secreto y no la había utilizado por juzgarla demasiado horrible hasta para mencionarla. El individuo aseguró además que un escuadrón de ataque especial de la marina acababa de emplear la bomba contra el territorio continental norteamericano, y que su información provenía nada menos que del Cuartel General Central. El golpe había estado a cargo de un escuadrón integrado por bombarderos transoceánicos de seis motores, dos de los cuales no habían regresado; todo hacía suponer que éstos se habían arrojado contra los blancos para asegurar el éxito.

Si San Francisco, San Diego y Los Ángeles habían recibido el mismo castigo que Hiroshima, ¡qué caos debía de reinar en esas ciudades!

¡Por fin Japón estaba tomando represalias!

A partir de entonces la atmósfera cambió por completo en la sala y por primera vez desde el bombardeo afloraron sonrisas en todos los rostros. Quienes habían sufrido más parecían los más contentos. Se hicieron bromas, y algunos entonaron la canción de la victoria. Se rezó por los soldados. Ahora sí, ahora estábamos convencidos de que la balanza de la guerra comenzaba a inclinarse a nuestro favor.

El snobismo del profesor Gaviota

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Fotograma de I’m your man, documental sobre Leonard Cohen

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Gould tiene voz gangosa y acento de Oxford. Camareros y dependientes del Village se refieren a él como el Profesor, el Gaviota, el Profesor Gaviota, el Mangosta o el Chico de Bellevue. Viste ropa desechada por sus amigos. Invariablemente el abrigo, el traje, la camisa y hasta los zapatos le vienen dos tallas grandes, pero él los usa con una especie de desenfado abatido. Míreme, dice. Lo único que me queda bien es la pajarita. En los días más crudos de invierno se pone una capa de periódicos entre la camisa y la camiseta. Soy un esnob, dice; uso solamente el Times.

El secreto de Joe Gould
Joseph Mitchell

Santa Lucía, Coruña

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Plano Coruña (1639) – Juan de Santans y Tapia

Desde el s. XIV existía un lazareto situado en las afueras de Coruña bajo la advocación de Santa Lucía en la aldea del mismo nombre. En el libro La Coruña en los siglos XIII al XV Dolores Barral Rivadulla cuenta lo que conocemos de él o lo que puede aplicarse a partir del funcionamiento de otros lazaretos similares. El dato que llamó más mi atención es que tal vez este hospital no fuera un recinto concreto:

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Se desconoce la disposición general de la leprosería coruñesa. Sin embargo a travéssantalucia del plano de la ciudad realizado por Juan Santáns y Tapia en donde bajo el epígrafe Santa Lucía aparecen una serie de casas presididas por una iglesia con torre, se podría confirma, en el caso coruñés, la hipótesis de N. Gugliemi (1) quien supone que las leproserías son, por lo general, un conjunto de construcciones sin una disposición especial, pero cuyos edificios principales estarían orientados hacia mediodía para buscar los efectos saludables del sol. Aún más este pequeño núcleo constituirá, siguiendo a la citada autora, una entidad auto suficiente cercada por una extensión rural, cultivada por los propios enfermos.

(1) Nilda Gugliemi: “Modos de marginalidad en la Edad Media: extranjería, pobreza, enfermedad”.